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Si tuviera que presentar el circo más grande, sería el de la vida, y, si tuviera que presentar a los payasos menos graciosos, esos seríamos tú y yo. Pero pasa, por favor, bienvenido al circo donde la fortuna falta, pero tu corazón se sentirá pleno y estarás con los pies bien firmes… en la luna.…
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Siento que debo encontrarte y sin embargo paso el tiempo yéndome hacia mí mismo y a mi centro que jamás encontraré… absurda mi garganta tararea la tonada mientras el frío me jode los huesos e intento respirar quedito. La Ciudad tan inagotable, y el Universo riéndose nomás.
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Ojos en la bruma y el presente tan desobediente. Sin saber y sin sabor, flotando dentro de un cuerpo que deja de serlo. El frío del mundo y la galaxia riéndose de mi acontecer. Saborearse el drama de estos segundos pesados y pasados.
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¿Cómo seducir a los miedos? ¿Cómo? Y sin embargo salir a caminar, en las nubes, enervado de mí, escuchar los ecos, las voces, penar y pensar, encontrarse en los robles, dejarse en la tierra, respirando lento, anhelando el silencio.
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La pinche cumbia reventaba duro esos bajos, duro, duro. Los pensamientos, los recuerdos, las memorias se me confundían en la cabeza. Esa Ciudad y sus demasiadas situaciones, sus imecas y las agudas ondas de sonidos repetidos y molestos. Atorado y atarantado, miro al cielo y encuentro el mismo motivo para desvanecerme en el terca alegría…
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Encontrar el camino hacia lo que nadie sabe y a lo que tanto tememos. Escuchar la música, la invitación a la perdición. Infantes en sus disfraces y sus bolsas llenas de dulces. El tiempo en un descarado espasmo etílico, los gritos, la vida en su alegre modo, en su desmadre mortuorio. Poquitas fotos porque se…
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La Ciudad en sus malditas mañas, la Ciudad en su más raro respirar. Pavimento y aires mugrosos. Cantares de una realidad que sabe a noviembre salado y muriente. Van las imágenes del andar en este espacio irreverente.
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Me di un golpe bien fuerte en la cabeza que me acalambró el seso. Comencé a olvidarlo todo. Y ver, ver, solo ver lo que existía a mi alrededor, que ya no era mi alrededor, una intensa e incómoda farsa de ambiente, una vida falsa, comencé a oír, o eso creo. Nada y todo me era…
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Sonaba dura una salsa en la habitación, María, Ignacio, Rosa y Ernesto descansaban después de nadar y estar jugando al frisbi en la nublada playa. La música les mantenía vivos, olía a humedad y a lluvia, las gotas de agua comenzaron a ser más grandes, agresivas y constantes. Relámpagos, vientos encabronados, furiosos, malditos, entraron en…
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Una silla astillada en donde estuvo alguien, pensando, bebiendo ginebra. Una silla en donde alguien recordó, sentado, que alguna vez, una semana de noviembre, se puso en plan desmán y se fue loqueando a unos conciertos de música maciza. Una silla en donde ese ser, ese ente de la tierra, esa masa llena de energía,…
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El recazo del cuchillo que escondía entre su masa corporal se mantenía frío. Las nubes bajaban a las calles del pueblo, las personas se escondían en sus bebidas calientes, en los rebozos y las chamarras gruesas. La mujer de rostro verde, vestimenta negra, cabello despeinado y maltratado, bolso grande de tela, nariz afilada, apretaba fuerte…
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Sucede que un día estás en la calle y miras tu reflejo en un vidrio y no eres tú y ese reflejo te ataca y te arrastra a su sitio y quedas atrapado en ese reflejo y el reflejo es tú para siempre. Sucede. Sucede y mucho. Editorial Nanahuatzin presenta su hilarante temporada de Especiales…
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Verrugas en las manos, en todo el rostro, en el cuerpo. El frío en el monte. Las nubes en su lastimera y gris situación. Vientos de arañar el alma. La vida en muchos tonos de verde, la bruma de los tiempos susurrando maldiciones. El hombre trata de mover los huesos, sentado en los escalones de…
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Ya mero anochecía y las nubes tiraban llanto. Un vago andaba de talón y lo corrieron a patadas del sitio. Se fue, ensangrentado y aún pedo, caminó en el asfalto de la oscura Avenida. Se detuvo hasta que una voz de aliento fétido le dijo palabras que no comprendió. Caminó, sin saber lo que vendría.…
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No estaba muerto. Bueno sí. Sí estaba muerto. No había modo de que estuviera vivo. Estaba hecho miércoles. Embarrado en el asfalto de la autopista, en la madrugada, con la fría y pesada neblina, el viento sofocante, helado. Un auto aceleraba a esas horas de la vida, adentro la persona escuchaba a todo volumen una…



























