RELATO | ÓLIVER MIRANDO SU JETA EN LA PANTALLA DEL CAJERO AUTOMÁTICO

– ¿Ya ves que te dije que le iban a decir que fuera para que firmara…?
– Ajá…
– Pues ya está ahí mira, ahí se ve en la ventana… (un silencio de tarde en la Ciudad, de acalorada tarde, alguien, en algún cubículo del lugar se estaba pasando de salsa y escuchaba a volumen recio unas rolas de los Peces Raros, la plática seguía entre que tenían sed y hambre, el árbol de pirul les daba mucha sombra, el viento andaba de fisgón)
– Sí, ya la ví…
– Es que sí, al final está mega, te dan prestaciones, aguinaldo, utilidades, todo, la verdad está matadito y eso, pero pues mira, ya entraste y entraste por la grande…
– Pues eso sí, pero, ¿le dijeron que sí porque se conocían de antes o cómo?…
– Eso sí no lo sé, pero pues ya para qué preguntar, eso lo escuché ahora que fui a firmar mi reporte…
– ¿Y sí pudiste firmarlo?
– Pues quesque le faltaban unas actividades, pero la misma de siempre, le caigo mal a la Maribel ésa, cada que voy es la misma fregadera, namás me tomo mi pastillita de ni te pelo dios te cuide y me sigo de filo…
– Las que hay que aguantar…
– Te digo…

Con temor, Óliver, se acerca al cajero automático que se encuentra cerca de la banca en donde platican las dos personas, el calor suma incomodidad a la escena, Óli, teme que no haya caído el recurso y eso lo pondría en aprietos, él no tiene seguro social, ni aguinaldo, ni utilidades y ni sabe qué son, nomás espera que el Conta siga en su labor sin salir a comer temprano, porque es viernes y si ya se fueron, pues el Óli ya tendrá que ver cómo le hace. Formado, saca la cartera, toma la tarjeta, espera a que salga la persona del cajero, entra e inserta el plástico, está sudando, mientras la máquina identifica la de débito, Óliver piensa en el mundo asqueroso y empaquetado en el que habita, todo en bolsas, todo en celofán, todo se vende, todo se compra, la canción de los Peces Raros que se oye por ahí está en esta estrofa Y en tu corazón ya no es de noche, nadie más espera por nosotros, y en tu corazón una bandera, nadie nos espera, nadie nos espera… El buen Óli, mira la pantalla que se va a negros por tres segundos… el hombre mira su reflejo en esa maldita superficie reflejante que no sabe si le regresará una cifra de cuatro dígitos o la temeraria cifra de un dígito, la pantalla vuelve, el sol inclemente, la vida absurda, Óli, cierra los párpados tratando de echar un embrujo, pero eso no sirve en este planeta en donde todo, cada día más, huele, apesta a dinero.

DRN… embustero

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