La doñita de seguridad privada del Toks le tira unos fueguitos y algunos corazones rojos a la publicación del feis de una de sus compañeras que trabaja en una farmacia del ahorro por allá por Lindavista, un chat se abre en su móvil, el mensaje dice Uy, ya ni saludas… mira a su alrededor y nadie la ve, en realidad ella debería estar observando , pero mira su cel, desentume los dedos, y escribe:
– Mira quién lo dice
– Quiobo Cleo ni digas ¿durando?
– jeje sí, ya sabes en la labor, ¿cuánto que no nos vemos?
(entre cada mensaje pasa un minuto o dos, mientras, Cleo, otea en el restaurante, abre la puerta, se cansa de los pies porque le quedan medio grandes las botas de vinipiel que le dieron en el sector, también, se acuerda de la cena de anoche con sus tías y su madrina)
– Ya mucho Cleo ¿muy ocupada?
– Así es
– Se nota jajaje
– Está tranquilo, pero ora en seman santa se pone buenno
– Me imagino… ¿Siempre sí le vas a entrar?
(Después de leer el mensaje las televisiones del restaurante distorsionaron su imagen, un par de ventanas crujieron, la cajera daba dos severos golpes a la caja para que se abriera, en Avenida Tlalpan una moto de un buen de cilindros y el escape tuneado para farolear aceleraba a ciento veinte kilómetros, Cleo no suda, no se pone nerviosa, sólo quiere estar segura de lo que responderá, porque ya le pasó una vez y se la atoraron bien recio, la neta no quisiera responder que sí, tampoco que no, pero, quisiera dejar una duda y ya, que el tiempo dijera, las cosas estaban delicadas en el sector y la verdad no le tenía muy tranquila eso, el pensar en esa situación le distraía mucho y en el restaurante ya se habían dado cuenta, hasta la grabaron muy pensativa y compartieron el video en el chat. Las teles regresaron a la repetición del partido de la selección mexicana, las ventanas en su más cristalino estar, Tlalpan susurrando maldades, en el celular de un cliente que entraba al lugar sonaba una gruesa de Interpol, Cleo, respondió el mensaje).
– Lo más seguro es que sí
– No me dices mucho mi Cleo, ¿ya te quieres rajar? (sticker de Juan Gabriel escondido en un árbol)
– La verdad no, pero ya ves que igual me cambian…
– No le hace, aún con eso no importa, acuérdate que es por el bien de nosotros
– Comprendo
– Orita nomás ando tanteando, pero no te olvides de nosotros
– No, deverás qu no…
– Sale Cleo, ya ponte a abusada que la rata no descansa…
– 🙂 Sí
– No te olvides
– no
Esa noche, Cleo, no va adormir bien, sentirá la panza ardiendo, apretujada la emoción sumada al dolor de píes y espalda provocado por el uniforme y el chaleco antibalas. Cuando se siente en la silla de madera tratará de no quedarse dormida, beberá el café en vaso desechable que le dieron en su trabajo, también el pan que había sobrado y dos manzanas, al café le verterá dos sobres de azúcar, uno de leche en polvo, lo moverá con una cuchara que vive en la mesa de madera que heredó de su madrina, dará el primer trago y anticipará el insomnio, el estar piense y piense en el tema ése, buscará en su celular el youtube y pondrá una canción de José Alfredo, Tu recuerdo y yo, ya a mitad del café pensará en su hijo y en las ganas que tiene de hablarle, pero después se acordará de lo que le hizo y la panza será el doble de infernal, los recuerdos le rasgarán los ojos y se apretará las mandíbulas intentando morder esos malditos momentos, no le hablará, no lo hará. Pero eso será en la noche. Ahora, guarda el celular, se rasca la nuca, se ajusta el chaleco, mira a la pareja que se retira con su carreola, el lactante duerme y sueña con la música del paraíso y la dulzura de sus colores, Cleo envidia esa calma y le abre la puerta a la pareja que recibe el viento frío de un Tlalpan primaveral.
DRN… V.
