– Tengo un kilo de preguntas…
– ¿Eso qué…?
El calor en la Ciudad estaba para hacer manteca ese kilito de dudas, el metrobús sobre el asfalto hidráulico de Xola, la parejita entre que secreteándose para no hacer iris y ya perdiendo el estribo…
– Pero en eso no habíamos quedado, no te olvides de eso…
– No es por lo peros, tú sabías que estaba con alguien…
– Me molesta que digas alguien…
– … Pues ni modo, ¿ya?…
– Pues queda menos claro, porque la verdad, no sé, ya no sé qué es realmente lo que quieres…
– Fíjate que no, no es que quiera algo ni a alguien, aunque te moleste, es que pues así se fue dando, qué te digo, no tengo todas las tortillas para tu kilo de preguntas, pero lo que sí podemos hacer es estar juntos y tratar de que lo que hacemos no se convierta en un misterio maldito…
Ah, jijo… ¿Sí has visto que en el metrobus hay pantallas y bocinas?, bueno, pues sonaba Me dediqué a perderte, de Rayito Colombiano; una señora, adelante de la parejita, se levantaba para acercarse a la puerta un tanto triste por no terminar con el chisme de los de atrás, que estaba bueno. Pero, lector, lectora, ¿seguimos con el chisme de la parejita? ¿Tantito?… Acuérdate que está la rola, el calorón y más o menos ya van en la estación Centro Scop, Eje Central grita emocionado porque va hacia la fiesta del Centro.
– ¿Un misterio? ¿En serio?…
– ¿Te ofende o qué…? ¿Qué esperabas que fuera, que nos íbamos a casar, o que me iba a ir en tu caballo a dormirnos a la sombra de un árbol?
– Por qué no te besé en el alma cuando aún podía, por qué no te abracé a la vida cuando la tenía…
– Ya sé, es la canción… pero no te puedo decir más, no quiero decirte más, ya te dije, te lo estoy diciendo ahorita, así son las cosas, ya lo demás ya no es mi bronca…
– Va, pero en eso no habíamos quedado… Y entonces descubrí que ya mirabas diferente…
Ya, ya con eso, ¿no? Igual ya te imaginas qué pasará; te voy a decir un detalle más y nos vamos que ya andan espantando: te dejé para luego, este maldito ego, la rola estaba en esa frase, se bajaron en la estación Nuevo León, Insurgentes en las alegres conversaciones, en su sensacional manera de ser atemporal, maravillosa Insurgentes, caótica, infame, de tres carriles y millones de historias, de asfalto comal de quesadillas; caminaron, tomados de la mano por el andén del metrobus, acariciándose, rozando sus dedos con la palma, comunicándose lo que ni tú ni yo comprenderíamos, el calor subiendo los grados del momento, la Ciudad mascullando te lo dije, se sentaron en la banca metálica de la estación y miraron al vago de bata de baño guinda oscuro y crocs empujando su carrito de plástico que algún infante había usando algún día de reyes, el vaguito, de esos diarios, de esos necios, de esos caminantes, canturreaba una canción al son de las mentadas de madre de todo el personal que se desquitaba del calor con el vagales, que solo cantaba, usted no sabe qué se siente perder no sabe que siente caer y caer en un abismo profundo y sin fé, usted se me llevó la vida y aquí me tiene como una roca que golpea en el océano está aquí y no siente.
DRN… kilo y medio.
