FILOSOFÍAS ESQUINERAS | LA OTRA ENERGÍA

“La naturaleza no se apresura, y sin embargo todo se logra”.

Lao Tse.

Hace apenas un mes, aproximadamente, que en nuestro país sucedió lo que se conoce como el equinoccio de primavera, aquel fenómeno astronómico en el que nuestro querido astro solar (o Tonatiuh, para los cuates) se posiciona sobre el Ecuador, igualando con ello el tiempo de duración del día y la noche en la mayor parte del planeta, con este acontecimiento se marca también el inicio de la primavera y con ello se dejan venir los festivales en las escuelas, carnavales en los pueblos y por supuesto todo el folclor de nuestro pueblo y clima, los colores y calores. La extrañeza que quisiera compartir es que junto a este fenómeno astronómico se ha generado en nuestra cultura, de un tiempo para acá, no sé bien cuándo, otro fenómeno que no sabría si llamarlo del todo social, espiritual o tradicional como dicen algunos, pero para no errarle digámosle “antropológico” y éste otro fenómeno es el de la famosa y susodicha “carga de energía”. Para quienes aún no han oído hablar de este no muy viejo fenómeno, resumámosla en que es un evento en el que muchos mexicanos se reúnen principalmente en zonas arqueológicas como en Teotihuacán en el Estado de México, Chichen Itzá en Yucatán o Xochicalco en Morelos, suelen ir vestidos de blanco y levantando las manos apuntando hacia el cielo llevan a cabo algún tipo de rito y entre oraciones o mantras dicen renovarse de energías positivas, que por que “era costumbre de nuestros ancestros”. Ésta no muy vieja actividad, dicen algunos, que tendrá a lo mucho unos treinta o cuarenta años, otros que llegó bajo la influencia de la NEW AGE, probablemente algo habrá de razón en ello, lo que sí es científicamente cierto es que hasta el momento no se ha encontrado evidencia alguna de que nuestros ancestros hayan llevado a cabo éstas prácticas y lo mismos amigos de la INAH, añaden que es más bien sólo una interpretación que además de ser reciente y mala vio la oportunidad de ser turísticamente vendible, y es aquí en dónde encuentra su apogeo, en el comercio de las ideas seudo interpretadas.

Pero para hablar sobre el comercio de las ideas, tendríamos que reconocer que si bien ésta apunta a la forma de pensar de muchos, la toma de decisión en creer o no sobre esa idea que se comercializa recae en el individuo en sí, y que es al final a quien afecta, es decir; cada uno tiene la capacidad de elegir cuánto se gasta sobre lo que se decide creer, y hasta ahí, no parece haber tanta gravedad como sí la hay en el tema del otro tipo de energía de la que queremos abordar que sí afecta a todos, independientemente de lo que se crea o no, de manera casi directa diríamos que afecta a los más en beneficio de los menos. Ésta otra energía es la ya bien conocida y polémica energía fósil o no renovable, y si acaso se lo está preguntando, la respuesta es SÍ, mientras que la energía anteriormente mencionada alude a una energía renovable, ésta otra es justo lo opuesto; NO renovable, y es aquí donde todo se pone tenso, ya que este tipo de energías como el petróleo y gas son las que más necesarias hemos vuelto para nuestra actual subsistencia, pero algo aún más preocupante es que por definición misma tendríamos que entender que las energías no renovables son finitas, algo que tal parece que ni por ser tan obviamente absurdo podemos entender, la sobreexplotación de esas energías es lo que hoy en día se conoce como “Fracking”. El famoso Fracking del que tanto se ha estado hablando en estos últimos días y del que tanta polémica se ha generado, ha encontrado justo en la comercialización de las ideas el arma principal para poner entre alegatos políticos y económicos el tema del gas y qué tanto beneficio podría traernos a los mexicanos de manera económica pero no qué tanto podría perjudicarnos de manera ambiental, y es justo ahí donde la polémica se acrecienta dado que ambos nos repercuten de manera directa tanto a nuestros bolsillos y a nuestro medio ambiente. La comercializada idea de la que se sostiene es como en el caso de la primera y casi as de siempre; seducir al individuo para hacerlo creer que su situación mejorará de manera personal, pero sin explicar a fondo las repercusiones ambientales que a todos perjudicará o como coloquialmente se dice; firmar el contrato sin leer las letras pequeñas. Será menester tener cierta cautela y conocimientos entre ambas posturas si no queremos volvernos a meter el pie, también tendremos que repensar con seriedad al responder la pregunta sobre ¿Por qué solemos buscar esperanzas en una energía ilusoria que creemos nos beneficia de manera individual, mientras sobreexplotamos y aniquilamos la que física y ambientalmente terminaría perjudicándonos de manera social? Y aún peor ¿Cuánto más seguiremos exprimiendo tan egoístamente a la naturaleza sin dar nada a cambio? La respuesta no resulta fácil, pero tal parece que nos dará una grave lección.

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A mi tío Félix.

Gracias por compartir tu pasión por la naturaleza.

Luis Melchor (El Tres)

abril del 2026

#LaNaveVa

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