ESPECIALES DE HORROR | COSAS DE BRUJAS

El cielo ultranublado, Hortencia, cajera del tres b, de cabello cano fuma lentamente el cigarrillo de filtro blanco, el humo se cuela entre el espacio de los lentes y sus ojos, con la mirada irritada lee la noticia en el feis y piensa, ¿será, se podrá eso, no creo, y si sí, y si es tan fácil, debería animarme?, igual, igual y cambia algo, algo mejora, igual, pues lo voy a intentar, total, Refugio me dijo que me iba a dar algo para que no me pasara nada… pues yo creo sí, yo creo sí voy a ir.

Y fue, ay pobrecita Hortencia. Fue porque suposo que era cosa fácil, ni siquiera como en las películas ni nada, pero ay, ay Horte, cuando llegó le abrió la señora con máscara de perro, ay Horte… Le dijeron que esperara debajo de un árbol, a esa hora de la tarde daba una sombra inusual, casi viva. Ay es que no, Horte, cuando la voz le dijo ven, fue, la mujer de la máscara de perro le indicó por dónde, Hortencia pudo acercarse un poco a ese ser, ay Horte, fue ahí cuando te diste cuenta que no era una máscara, apretaste el pañuelito que te dio Refugio. Entró y las velas moradas y rojas ya estaban encendidas, tres mujeres de cabello blanco sentadas en el suelo, bebiendo un líquido amarillento, parecido a la miel de mangle, la voz, esa voz le dijo, ya estás aquí, llegaste, sin retorno, llegaste en la soledad de tu insistente y amargo canto, llegaste… Y en ese momento Horte se dio cuenta que era ella quien se hablaba, era ella, su mente, ella desnudándose, ella caminando al centro de un cuadrado marcado con sal, ella, mirando a las mujeres a su alrededor, ella escuchando los susurros que repetían su nombre, ella en un grito inconsolable, arrepentido, ella retorcida en el suelo, ella en la más horrenda posición fetal, ella, las luces de las velas, las mujeres, aullidos y su nombre repetido, ella lloriquiando, gruñendo feroz, ella cuando se apagan las velas, las mujeres murmuran un canto, ella en cuatro patas, gruñendo, babeando los últimos litros de sangre humana que le quedaban.

Ay Horte, y pues ya ni modo, esa lana que me debías, esa deuda, vivirá por siempre.

DRN… ñacañaca

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