FILOSOFÍAS ESQUINERAS | AIRE DE REALIDAD FILOSÓFICA

La mayoría de las veces la mejor ficción suele ser la propia realidad.

Durante siglos una de las más constantes y ociosas reflexiones del ser humano han circundado en torno al tan polémico e inacabado tema de la realidad. Muchos filósofos han gastado cierto tiempo y desvelos en intentar explicar lo que ello significa y de cierta manera cómo es que funciona en relación con el conocimiento humano, desde el griego Aristóteles hasta el esloveno Žižek, nos han procurado encaminar hacia una comprensión de nuestra relación con ella, pero lo cierto es que no es necesario ser filósofo para dilucidar arduamente en el tema, aunque ello no quiera decir que el hecho de no ser filósofo implique que no conlleve en sí mismo un halo de reflexión filosófica.

El tema de la realidad ya sea abordado desde un sistema filosófico formal, con toda una metodología compleja y meticulosa o bien abordada desde la sencillez de un momento de descanso mientras se viaja en el transporte público, ha producido múltiples, numerosas e interminables reflexiones que en muchas ocasiones nos llevan justo a lo contrario, es decir “lo irreal”, aquello que parte de lo concreto hacia lo abstracto nos da un claro ejemplo de que, de lo ya dicho, siempre se puede decir más. ¿Pero entonces qué es la realidad? ¿Somos nosotros los que la construimos, o sólo somos actores que se desenvuelven en un mundo de posibilidades que ella nos ofrece? ¿Estamos destinados a lo que acontezca o como diría nuestro querido Amado Nervo; somos arquitectos de nuestro propio destino?

Aire de realidad, el más reciente retoño de mi querido Rafael González, o mejor conocido en el mundo de artístico como El Sr. González, logra evidenciar una nueva paradoja a partir de repensar la realidad como una constante inmersa en un mundo de indeterminadas variables, pero si de paradojas se trata, él intenta ir más allá, apoyándose de la ficción para describir el proceso que sucede entre la línea temporal del personaje principal, casuísticamente esta herramienta además de enriquecer la novelesca trama nos emparejan a sumergirnos sí o sí, en los zapatos del mismo, pues como comúnmente se dice en el terreno de la filosofía, a veces la manera más general de llegar a los demás es la más particular, y es que son esos mismos casos particulares del personaje los que muchos ya hemos vivido, justo lo que te lleva a pensar ¿Qué tanta ficción hay en la realidad? O ¿Qué tan real es la ficción? Qué más filosófico que discernir por qué en la incertidumbre terminas asentando con la cabeza un relato ficticio que reconoces ya haberte sucedido.

Para generaciones como la de mi querido Rafa, la de su servidor y muchas otras, esa línea de tiempo en la que se desarrolla la trama de nuestro personaje suele ser nada ajena, considerando todo el proceso y cambios que han devenido a partir del imparable ascenso de la tecnología en nuestras simples vidas comunes y corrientes. Que lejos estamos de aquellos sueños ficticios en donde no sólo había carros voladores o robots cumpliendo ciertas funciones, sino hasta realidades alternas. En tan sólo unos pocos años esa lejanía se difuminó en un presente en que pasaron de ser simples sueños a ser realidades contingentes, tanto así que hoy en día hemos sido tan absorbidos por esas realidades alternas de las que ya no queremos (ni podemos) escapar.

La relatividad del tiempo einsteniana no sólo nos ha alcanzado para darnos cuenta de que lo único constante en nuestro mundo real es el cambio, discúlpanos querido Heráclito si en algún momento llegamos a dudar de tu principio, pero es que era indispensable que a partir de esa incertidumbre se pudiera llegar a la certeza. El vaivén de tiempo y espacio en el que se desarrolla la novela, dicho sea de paso, acompañada de una sumamente admirable gráfica, representa otro modo de hacer literatura mientras se filosofa, pues además del hiperrealismo de los trazos del maestro Ángel Flores, la novela va acompañada de un álbum conceptual que enriquece el mundo de ficción en el que nos sumerge y del cuál nos lleva necesariamente a replantearnos los mundos reales e irreales, de uno a otro y viceversa, hacerte reflexionar no es un plus, sino la parte toral de la novela que me hace pensar lo sumamente filosófico de nuestro protagonista que al final de cuentas es un tú y un yo, que piensa, que siente y que se cuestiona un mundo difícil de entender, así como al buen Teo Valtierra, de repente se nos salen las reflexiones más profundas de la vida, pero también nos dan muestra de que la mejor ficción es la realidad y al mismo tiempo la realidad que es a veces la más difícil de creer.

Al gran Sr. González…

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Luis Melchor (El Tres)

octubre del 2026

#LaNaveVa

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