RELATO | ME ENCONTRARÁS EN EL SILENCIO

– ¿Para dónde va?
– Para allá…
– Espérese… Ayúdeme…
– ¿Con qué?
– Agárreme aquí… (le entrega una piña, con una etiqueta, pequeña la piña, le faltaba una semana para estar bien madura)
– (Comienza a reírse en su mente y en su cara se forma una sonrisa, camina en la banqueta, junto a la encorvaba anciana)…

– ¿Y cómo se llama?
– … 
– …
– ¿Hasta dónde vives?
– Hasta Ermita…
– ¿Y te vas caminando?
– Sí, para hacer ejercicio… ¿y cómo se llama?
–… ¿Para qué…?…
–… ¿Hasta dónde va?
– Aquí nomás…
– …
– ¿Tú no eres de aquí?
– Sí soy…
– No eres, no eres de aquí…
– Sí soy, hablo español y todo…
– Aquí es… (a un costado de la puerta blanca de metal hay un timbre, lo toca, después, la anciana, levanta un poco la cabeza y le pregunta al Aparicio (que está sentado en una llanta esperando a que llegue algún cliente a la vulcanizadora) ¿si está el doctor?, le dice que sí, abren la puerta, la anciana sube un escalón y se encamina hacia un delgado pasillo)
– Su piña, hasta luego…

Enfiló hacia la callé más estrecha, un grupo de hombres fornidos bajaban un sillón de piel del camión de mudanzas, caminó, se detuvo en Eje 5, observó el metro pasar por Tlalpan, miró hacia la izquierda, no venían autos, atravesó sobre el ardiente pavimento, tarareando las últimas rolas de Men I Trust.

DRN… apiñado…

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