Los tenis imitación flagrante. La moto grandota. La gorra tumbada. Las paredes grafitiadas, placas, bombas, piezas. El olor dulzón de las carnitas, la longaniza, la barbacoa y los tacos dorados, la fritanga dura. Los mototaxistas tirando claxón desesperado. Los perros mendigando huesos de borrego. Los cohetones tronando en el cielo y el santo despertando temprano. Los chamorros escurriendo la grasa sabrosa. El taquero y su voz calma.
– Ya luego se podrá
–No, mano, sí ando sacado de onda, pero ora que pase todo esto, ya verás que se podrá…
– Le digo, aguante tantito, apechugue un poquito…
– Ora pues, nos vemos al rato…
La cubeta de plástico con el jugo de naranja, las bolsas de polipapel con el vianderío. Los pasos lentos. La caca de los perros en las banquetas. El sol, de nuevo, en su más profunda reflexión, disfrutando un domingo en la Ciudad, cuando el Metro acelera y sus llantas rechinan en las vigas. La banda de rock cristiano le sube a la alabanza, el sol, el sol, se aliviana y nomás se muere de antojo, qué daría por un plato de esa birria, por ese consomé. La gente formada en los tacos, soportando las delicias del calor, esperando, pensando en la vida que les toca vivir, sonriéndole al astro, a otro día en la vida.
– ¿Estás formado?
DRN… barrial
