SIGUIENDO LA LUNA


A Pedro Daniel

No llegaré lejos, tan lejos como se pueda llegar…

Me quedo solo y el único remedio fue reclamarle a la vida con mis alaridos y las canciones de los maldita sea Fabulosos Cadillacs en el Centro de la Ciudad, ésta que te grita, ésta que te añora, esta Ciudad.

– ¿Cuántos años tienen?
– Veinticinco
– Cuarenta y cuarenta y cinco, no pues sí, es que no manches, tienen un buen de rolas…

El calor en el vagón del metro me hace sentir aún más líquido. La gente conversa, se emociona, sonríe, sobretodo sonríe. Hoy somos más, muchos más, es sábado en la Ciudad y el vagón se atasca de pandilla fabulosa. La señora compra su bolígrafo de tinta infinita a diez pesos mientras yo escribo en mi mente, espíritu que vives en mí, deja ya de luchar contra tu destino, de ya me hipnotizo, me ubico en la zona del disfrute, del recuerdo, la vida se me acelera cuando el tren desciende hacia las vibrantes entrañas de esta Ciudad, de este espacio habitado por los fantasmas de nuestra Historia, entes que hoy también estarán en esa Plaza, entre los humos, las nubes y el canto. Biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiip. ¿Baja en la siguiente? Sí. Bajamos. En la próxima estación no habrá servicio, repite la robótica voz. Caminar, subir escaleras para toparse con la masa, la gran masa pensante, la gran masa delirante y cantante, la masa acalorada, las muchas personas chiflando, a paso lento, decididos a llegar, hay que hacer tiempo, en mi cabeza, con mi pluma invisible, ahora intento, #llorar, deletrear, no le tengas miedo al abismo, es el vacío después de reir, es certero el sablazo, trato de no ser tan intenso con mis desamores, con mi corazón roto, la Ciudad no puede verme sufrir, ya lo dije, no quiere. Al mae morenito y corte de cabello militar lo traen esposado, con las manos atrás pegaditas a la espalda, aprieta recio con los pulgares e índices su gorra de los raiders, los dos policías sudaban al subir escalón tras escalón, no se dicen nada, en sus rostros se adivina que había valido, suben las escaleras del metro Pino Suárez con la tarea de hacer valer alguna justicia.

No sé si fue Cerati quien con un soplo melancólico envió algunas cuantas nubes con aroma a lluvia de tarde calurosa. Pino Suárez, Veinte de Noviembre, Regina, Bolivar, gente y más gente, algunas apresurando el paso, otras esperando, esperar es fundamental, si no, quedas solo, en la soledad cadillac, muchas personas con sus playeras de argentina, algún equipo de futbol, las gorras con el decorado LFC, máscaras, vendimia, filotas en las tiendas para comprar de tokyo un poco, leve la onda, pero mucha gente, demasiada, quizás fue demasiado hablarte del pasado, la mente ya ni sabe qué ver de tanto que sucede, qué atesorar cuando cualquier acción es valiosa en esta tarde de sudor.


La vida es para vivirla mejor

¿Por qué camino de manera tan desparpajada por Veinte de Noviembre? Porque me pertenece, este sábado me pertenece; no sé, desde que tengo oídos los Fabulosos Cadillacs se convirtieron en un eco redundante en mi cerebro, canciones dedicadas, noches en la alcoba tratando de entender la vida en las letras del fokin master Vicentico, descifrando absurdos problemas de adolescente, y los Cadillacs tocando para vos, vos que andás diciendo que hay mejores y peores vos que andás diciendo que se debe hacer vos que andás diciendo que hay mejores y peores vos que andás diciendo qué se debe hacer. Quizá por eso, por eso me anda valiendo un poquito de gorro, porque es la pandilla, es la banda en la nave cantando las rolas, echando un desmadre cabrón en esta Ciudad, este espacio que nos ha construido, por más que quieras sacarnos de nuestro lugar y pienses que solo somos un puñado de idiotas, nos han moldeado; salgo y me empiezo a encontrar, más despierto que anoche, ahora ya puedo pensar, soy yo y esta Ciudad, son las rolas en mis audífonos que me ayudan a soportar las tres horas para llegar a casa, mirando el caos, la banda trabajadora, los dormidos en el transporte, el vendedor tirando labia, el salido del anexo, el chofer, las doñas, las chavas, los chavos, los rucas y las rucas, les gay, lesbos, trans and more, quiero ver a tu padre preocupado por mi traje y mi manera de tomar. Es eso, eso, no lo sé, es estar bailando solo en la habitación agitando las penas con alguna de estos hijos de su gran y fabulosa madre, es eso, tal vez.

Llovió. Algunas cuantas gotas extraviadas caían en la enorme plancha del Zócalo cuando los Fabulosos Cadillacs dieron sus primeros pasos en el escenario, en la tierra del conflicto racial, en el sitio sagrado, en el lugar de lugares, desde cualquier flanco que se vea; hoy esta plaza está más que llena, la gente se convierte en la tremenda serpiente de plumas que se estira por las calles del centro, se mueve lento, se desliza, baila, baila porque Sr. Flavio, Rotman, Siperman, Ricciardi, Vicentico,  ya estaban tocando Cadillacs para seguirse con Manuel Santillán, el León, pss no mames, apenas suenan las trompetas de esa rola las miles de vidas en el Zócalo emanan satisfacción, enloquecen más, mucho más, se desata la furia de la alegría, se despiertan aquellos espíritus ancestrales para ponerse a bailar. La mucha gente sigue avanzando, buscando espacio pequeño para escuchar, y acaso también, para ver, porque esta vez, supongo, no se esperaban a las trescientas mil pandillas y anexas que se dejaron caer al centro, muchxs, chingxs de personas, familias, niñas y niños, bebés, no me lo creas, pero bebés, carréolas, lo que te imagines, lo que gustes a la orden, chafa que no había tantas bocinas ni pantallas, se desbordó, se desbordó la emoción, las intensas necesidades de salir a cantar, a cotorrear con la pandilla. ¿Pues qué pensaban? Que a los Cadillacs sólo los escuchan unxs cuantxs, o qué cosa, caramba, los Cadillacs los llevamos en la sesera muchxs de lxs habitantxs de esta Ciudad, muchxs que se la chingan diario, muchos, muchísimos, miles de muchos, hoy una pequeña porción tienen en colapso al corazón de la gran Tenochtitlán.

– Ya casi llegas… enviado
– Cerca, #chingos de #pandillla #lluvia…. enviado
– Ya cae… enviado


Noche de calor en la Ciudad, ella te dejó y todo sigue igual…

Los Cadillacs no se iban a detener, se estaban pasando de lanza con las tres primeras rolas, la Catedral atrás de ellos con todxs sus santxs en el mama mía, qué relajo, y allá, cerquita, la Coyolxauqui, Coatlicue, en el bailoteo, en el festejo de la memoria, de los recuerdos, mucha gente, mucha, tanta que estoy lejos de la plancha, mucho, apenas en El Salvador, ahí andamos caminando, intentando llegar un poco más adelante, en la necia, en la aventurera, dosdos medio irresponsable, pero ahí apretados, mucho, de lo bueno, apretujados, así, carne molida, sudor a lo bestia, mi compa, que también medio andaba con el ímpetu de avanzar caminó, caminó hasta que la gente hubo de llevarnos por rumbos diferentes, antes, el compa, a manera de bendición me brindó una chela, yo, entre el mar de gente, entre el mar, sobre todo entre el mar, casi flotando, me dejé ir, me dejé ir y la sonrisa se mantuvo, en el escenario, los Fabulosos ya le estaban tundiendo recio a El Muerto, las palabras de florear fueron tan puras que lo hicieron levitar, entre la gente, me dejé llevar, emocionado hasta el éxtasis, hasta el frenesí del cuerpo y las cuerdas bocales en el intenso griterío, repitiendo mal las canciones, pero siendo parte del coro que impacta su fascinación en los muros de estos edificios, en las iglesias, en los templos sagrados, en los comercios y los restaurantes. Me quedo solo, me rescato entre la banda cantando, constreñido en los interiores de esta acalorada serpiente citadina, Es tan fácil cuando tú quieres, es tan fácil perder toda razón, no se cree lo que está aconteciendo, la banda trepando en las marquesinas de los edificios, poniendo en riesgo el físico, nosotrxs, los otrxs, lxs extraviadxs en esta sensación extraña de comunidad, sólo observamos, cantamos, chiflamos, cuando una morra se lanza desde arriba del puesto de periódico hacia el techo de telas Junco, casi no lo logra, supera la prueba, la banda, eufórica, aplaude. Infancias bailando sobre el puesto de revistas, en una postal de la emoción febril, del instante. Dejodetemerquealgoterriblepasarácuandointentoconfiarenlagenteamialrededorporquenopuedoescaparestoyatrapadoentremilesdepersonassoyunapartemásdestagranymágicaserpientegiganteapretujadoquesedivierteybailarynonospodemosmoverniuncentímetromásapretadosasíbailandocreyendoennosotrossiendopartedealgoinolvidable. Floto, se trata de dejarse ir, me cierro la chamarra por aquello del dos de bastos o cualquier tema, me dejo ir, no voy a ver nada del escenario, sólo una pantalla y escucharé la música instalado en Venustiano Carranza y Veinte de Noviembre, desde luego que el vocerío me contagiará de su vida, de sus voces, sus cánticos de clase trabajadora, entre mi alucín llega un momentazo, muy apachurrado, gacho, siendo agua, la ropa escurriendo, viajo y me veo pasar, ya me veo esta noche, muriendo como las demás, llego y te veo pasar, abrazada a ese imbécil, igual a todos los demás, me hago voz, me hago alarido, la rola la venía tarareando desde el metro, ahora es el #momentaxo, fugaz, entre tanta gente, tantos y tantxs, el contacto con los cuerpos, escuchar a lxs demás cantar, escucharnos, la policía queriendo pasar, ey, bájense de ahí, bájense, y que los bajan. La música de los señores de Buenos Aires sonaba sabroso si te encontrabas cerca de alguna bocina, si no, el eco cobarde de algo parecido a los Cadillacs te llegaba, pero el embrujo estaba surtiendo efecto en esta noche desquiciada hasta la sonrisa.

– ¿Llegaste?
– Sí … :X
– Acá un desmadre :/… no pudimos

Trastornados intentamos no ceder ante el salvaje impulso de valer madre, nos mantuvimos atentas a nuestras ganas de estar juntxs, sin remedio, cantando El genio del dub; quisimos desaparecer en la avergonzada nube que atravesaba el cielo cuando el piano suena a ritmo de Calaveras y diablitos y se arranca ese reguesito sabroso con trompeta y todo que dice mi gente yo a vos no te creo nada, cómo vos a creer en mí, universos de tierra y agua me alejan de vos, las tumbas son para los muertos… mi señor santo Quetzalcóatl, sálvame de esta perdición, Tonantzin, madre mía por favor, San Judas, Santos de Santos sálvenme de este atasque de vida, de recuerdos, de memoria, de ausencia, santa señora Tonatzin, no me dejes aquí entre esta melancolía, ¡ya por favor Cadillacs!, ¡Calaveras y diablitos!, qué insatisfacción, que humano tan humano, que humanxs tan ay caray, se escucha la batería que nos une en el corito que pareciera ser un canto de batalla del día a día, dónde está escondido ese recuerdo tan temido, qué parte de los cuerpos guarda todo escondido… y lo que pasa en este sitio es que estamos idos, estamos en un momentos de la galaxia en donde nuestra energía fluye de una manera temible, podemos enloquecer, y nos contenemos, la música lo hace, las canciones nos amansan serpiente emplumada. Y sigue el embrujo: mujer, no me dejes así por favor… chingada madre, esa sí que no me la veía venir, ¡ah qué los Cadillacs y sus insinuaciones en estos tiempos!, ah qué pinches ganas de evaporarse, de ser esa nube avergonzada, y ¡qué calor!, Vuelvo temprano a casa hermano… No voy a llorarte más, voy a seguirte hasta el sol, ni voy a soñar con vos, y Vicentico en la pantalla mirando hacia la inmensa masa, la masa viva, que se transforma, la gran serpiente que le grita, el el majestuoso reptil citadino, Vicentico mira arrogante y canta, canta hacia el público, canta hasta que la canción acaba sabiendo que lo siguiente será de otro maldito planeta, de otro astro, de un, de un satélite… Siguiendo la luna no llegaré lejos, tan lejos como se pueda llegar, las cosas que dije no tienen sentido, no puedo detenerme, ponerme a pensar, siguiendo la luna y su vuelta invisible, la noche seguro, nos alcanzó, nos llegó desbloqueando euforias, recuerdos, instantes vividos, acaba la canción, Vicentico se da cuenta, cuando le avisa Sr. Flavio, que la luna, Coyolxauqui nos cuida, ya me parecía raro, ahí, cuidándonos, y Vicentico, se atreve a decir: esto, esto es nuestro, nos pertenece. Basta de cursilerías y a cantar lo que se debe cantar en este lugar sagrado, en este lugar que tampoco tendría nada que festejar, porque la matanza sigue, suena el intro, los guerreros azteca marchan por todo el centro, marchan, esperan el momento exacto para armar el slam, pinche aventadadero de almas, Juventud de America, no debemos festejar, colonia imperialista teñida de sangre, sangre nativa, sangre de la tierra… azotadera de coco, de cuerpo, ¡no hay nada qué festejar! Medio no queriendo, los Fabulosos juegan con nuestras emociones, son conscientes del sitio sagrado en donde están tocando, sin duda, que aquí duele, pero también dan ganas de vivir, saben, entre tanto, que en la vida se exige, se grita, se aprietan los dientes, pero también, acá fuera es carnaval, carnaval toda la vida y una noche junto a vos, si no hay galope se nos para el corazón. Nadie se iba del Zócalo, sabíamos que esto aún no terminaba, seguía Malbicho que nos unió en un momento, un corito, Vicentico pide silencio, la banda shh, shhh, shhhh, shhhh, ya cabrón, shhhh, shhh, y así susurrando, yo no voy… a la guerra, a la violencia, a la injusticia, ni a tu codicia, digo no, digo no, digo no…¡Te están buscando matador!, la gran serpiente combativa gritó y su alarido se escuchó hasta el mar muerto, es más, creo que lo despertó, la noche se sabía en un estado formidable, en las calles aledañas había leves disturbios, viento de libertad sangre combativa. Los últimos acordes de Matador, se despiden, sabemos que volverán.


Vamos mi cariño que todo está bien

Las trompetas, el teclado, la guitarra, la batería, las percusiones, el bajo, los instrumentos nos dicen que están de vuelta, que se rifarán unas cuantas más, estos cabrones son nuestro reflejo, de nuestras vidas y nuestras resistencias, pocos se dan cuenta, que somos nosotrxs, ahí, en el escenario, nos parecemos tanto, con las playeras, las sonrisas, las gorras, las greñas a lo loco, el estar brinque y brinque, somxs nosotrxs viviendo en esas letras, en los coros, son nuestras vidas en esas historias de personajes rebeldes. Para el encore, sacan el ska clásico, porque no vamos a dejar de danzar, ella no quiere nunca más estar conmigo, desde acá ya no puedo ni mirarla. Se discuten con los Vasos Vacíos, y no sé bien qué día es hoy, sólo sé que te vi salir, y en cinco minutos perdí las letras para hablar de amor… ya, la neta, aquí nos movimos de un lado a otro, en plan chido, en plan de corear, todxs nos la sabemos, la vamos a cantar, lo más fuerte que podamos, porque esto no se va a repetir, no volverá, qué bueno porque parecemos chiflados, no hay mañana, o sí, la neta sí y hay que chingarle, o pasarle bien, pero wow, las trompetas, wow, wow, yo sólo sé que no tengo palabras y nunca las voy a tener… Señor Flavio, después de los aplausos y los chiflidos y cuanta frase le gritan le da muy duro a las cuerdas de su bajo, y voy a tomar por vos otro trago para olvidar… ¿qué es lo que ha pasado con tu corazón, ya no marca el paso que marcaba ayer, nunca fuiste libre y esa es la razón

– Perdón, perdón… (le pega sin querer en la cabeza)
– No te apures ya me arrimaste el chile toda el rato
– Uy, y eso que no la traía parada…

Uoooooooooooooooooouoooooouoooooooooooooo, uooooooooooooouooooooouooooooooo… por más que quieras sacarnos de nuestro lugar y pienses que sólo somos un puñado de idiotas, no no podrás quitarnos lo que hicimos ya, ahora somos más hermanxs que antes, ya no podrás mirarnos a los ojos más, nosotros somos amigxs vos que solo estás, por más que quieras tapar toda nuestra voz, nunca podrás callar esta canción, uooooooooooooouooooooooooouooooooooooo, y, ¿a quién se la cantamos?, quién sabe, a nosotrxs, a esto que no se puede contar, a esto que sucede y pasa y recorre las venas y me hace sentir en repetición y vivo y chiflo y canto y soy con todxs lxs que estamos acá y también con lxs que nos estamos, sobre todo con ellxs, la cantamos porque estamos acá, juntxs, más que juntxs, apretujadxs, en el canto, en la memoria de estas calles, de esta noche que nunca jamás nos olvidará.

– ¿Dónde andas? ¿Caes?… enviado

Esto parece verdad para mí

Los Cadillacs nos hicieron vivir ese momento, le dieron órdenes a la realidad, la hechizaron para que sucediera lo que esos flacos despeinados arriba del escenario cantaban. Las calles se fueron quedando sin gente, los espíritus se fueron por ahí a buscar algún after clandestino en donde pudiera fumarse la hierba. Nuestros recuerdos y nuestras ausencias se quedaron una vez más en las piedras de esa parte de la Ciudad, esa porción del existir en donde acontecieron incontables hechos, diario, por segundo, este sitio que hoy se habitó por la melancolía frenética de la banda de rock con más de treinta años de dar el rol.

Desviando mis coordenadas vitales, extravío mis pasos y ando sobre Isabel la Católica, andamos, muchxs, tantxs, evocando algo tan intenso, tan vital, tan evanescente, que no volverá, andamos, tarareando, una bonita de los Cadillacs.

DRN… gritón, cantador, apretadito

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