RELATO | LA HERIDA DEL MAZAPÁN

Todavía anda pedo y trae un panalito cerrado en el asiento de la silla. Se detiene diario en la esquina de la casa azul, desde las doce del día hasta las seis de la tarde, la señora Lucre le presta la clave del wifi y se la pasa bomba con el celular que llegó a él por muchas y variadas razones. Está mugrosito. El vago y el celular. Digo, no es acá, así están. Cabello cano, bien chimuleo, deveras chimuelo, asoleado hasta casi el color cecina, ojos en el lado oscuro de la luna ahora que está de moda, con una venda en la mano derecha, venda que era blanca, manos bien mugrosotas, por supuesto, de estar dándole a las ruedas de la silla, porque para llegar a esa esquina hay que rifarse a lo campeón olímpico en carrera de obstáculos, baches, banquetas, autos pasados de lanza que le gritan, súbete a la banqueta ruco miado, ¡menso!, ¡viejo borracho!, ¡sales más barato!, y piropos del tipo, pero llega, con los labios harto secos que sólo puede quemar de manera deliciosa un tragazo de destilado, de los primeros destilados del agave claro está. Saca el cel, descansa los brazos en las recargas eras de la silla, su cobijita azul de cuadros, también bien mugrosa, olorosa a calle, a Ciudad, a pedo y plática mental, porque el Mazapán no habla, no habla, no se sabe si es mudo, si no sabe hablar, pero no habla, se queda en la esquina y mira su cel, ve el feis y agrega amigos, su foto de perfil es la herida que tiene en la pierna derecha, que parece Veracruz, y él, piensa, es de Córdoba, piensa, porque ni papeles tiene, nomás su bolsa de plástico muy a lo Balenciaga, su chamarrota de los Broncos de Denver, sus veintiúnicos jeans, y los tenis que cada semana cambia con el Bebeto, pinche manía que tenían ese par de viejos que a pura seña se comunicaban. El Mazapán se dedica a ver su feis, luego el tiktok, ve videos del reciente viaje lunar y se caga de la risa al pensar que el mismo país que dice y nos quiere hacer llorar con que qué pequeñitos nos vemos desde el espacio, y qué frágiles, y que no sé qué y se toman fotos con su telefonitos, y bla bla y sus fotos nuevas en hd, sonríe y se piensa que es ese mismo país que infunde el terror por todo medio, de toda manera, se ríe del mundo en donde vive que amerita su silencio eterno, sigue viendo noticias y videos absurdos hasta que abre yotube y pone una canción, 1000mods, de Vidage. Abre su panalito y le da un trago grueso e inteligente, no se atrabanca, se alegra el momento, se deja pensativo, se deja cada segundo más pedo, más tronado, más sonrojado. Scrolea y llegá a la primera mesa del evento del EZLN, le da click, la pierna le duele mucho, mucho, la cicatriz punza, le sube al volumen del móvil y le da play a la intervención del que dice ahí es el Sub Comandante Marcos, que habla entre tanto, del presente, de algo que denomina erizo, situaciones erizo, y también de cómo estamos presenciando el sistema violento de la hegemonía, de los gringos, desterrando civilizaciones, haciéndolas migrar, repatriándolas y reorganizándolas.

Se queda dormido.

El sol de las cinco de la tarde le despierta, intacto, en la colonia se le conoce y hasta se le mueve a la sombrita para que no se vaya a tostar de más, es guapo el Mazapán. Cuando despierta, recordando el mundo tan pinche hipócrita que le tocó vivir, desearía volver a esos momentos del ser en que nada importaba, solo gritar, comer, cagar, dormir, y desconocerlo todo, y no pensar, porque él se acuerda cuando estaba bien pequeño y su tía le daba leche en los botellas chiquitas de agua. Le quita el freno a la silla, guarda el celular, le da un trago reafirmante al panalito, se encamina al refugio, hambriento, esperando que alguien esté cumpliendo una manda y se encuentre regalando tortas y café a la gente necesitada. Avanza, un culero en el minicooper le pita, él le pinta huevos y se ríe, en su celular suena una gruesa de Un Perro Andaluz.

DRN… bossy

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