Tan cruel es la vida que al vago todo puteado de los párpados y las retinas le está despertando la siniestra y ardiente luz del sol, el sol más nefasto, más controlador, más hijo de la chingada, ese sol. Más adelantito otro vaguito, no tan miadito, empuja a otro ser en silla de ruedas que va contando con voz potente algunas peripecias en el seguro social, avanzan y se quedan en los abarrotes en donde está sentado el carnalito de la muleta. El carnalito de la media pierna amputada se prepara su bebida de panalito reposado y red cola en un vaso mugriento de michelada, su muleta descansa con él en el escalón de la tienda de abarrotes.
– Llegué y les dije que si para cuando iban a tener mi medicamento, que no tenía cómo conseguirlo… me tiraron de a loco, les dije que no había sido mi bronca, que sí, sí me las cotorrié, sí me las pasé jacarandoso, pero no fue mi culpa, fue culpa del alcohol y de las malas decisiones, pero ya no soy ese, ese ya no soy, al menos eso le quería decir a la persona que estaba en la ventanilla, pero me veía más yo en mi reflejo que a la persona, mano, qué te digo, sí me calenté, y llegué bien temprano a esa madre, con un chingo de frío, pero pus ya, quién sabe qué hizo, no sé si me vio la media pata o qué, pero ya que me dice ya pues, y ya que me dan esa madre y pues al chile que me voy, y pues sí me cuesta pero ya, al final ya, es rápido…
– … Mjm (el vaguito no tan miado, se sienta junto al compa de la muleta, ambos oyen al de la silla de ruedas, que le dicen el Jailander el Inmortal, la banda es gandalla, es acá, pero bueno, ahí están los tres, observando la tarde, al personal, bebiendo cada uno de sus botellas, empedándose salvaje ante la tarde citadina).
– … Namás me duran para una semana, la neta, saben, saben, no duran estas madres, no duran , el otro día fui al simi y que me piden la receta, y dije chicle, y que pega, que me dan dos cajitas, y que apenas me alcanza, día de suerte, pero no alcanzan, pinche dolorsito ta cabrón, ¿o no mi compa?, ¿o no?… ta cabrón el piquete, pinche piquetito todo el tiempo… ¿o no?
– … Namás pa que se me olvide, para eso me las tomo…
–… A no pus cada quien cada quien, salud, salud por eso y por que se nos vayan los pinches dolores…
Brindaron y otra vez se sintieron en ese momento decisivo de la peda que ellos transitaban sin empacho: era irse a caminar por ahí y vagar y vagar y esperar a que alguna tuerca no se les safara e hicieran una pendejada, o quedarse con ese par y los demás vagales que llegarían y entregarse al desenfreno, a la mota, al chocho, a la otra mota, al trago, a la pachita, al resis, a lo monki, a lo que se atravesara y acabar sabe dónde, sabe a qué ora, sabe si amanecer. Como ve, querida lectora, querido lector, pues se trataba de valer queso. Una persona caminaba por la banqueta con una bolsa de plástico en la mano, al pasar frente al trío de vagales le dio la bolsa con sobras de comida del Vips, un club sandwich casi completo y dos molletes con tocino uno, otro con chorizo, la señora, aún eufórica, pensaba cómo vengarse de su prima después de escuchar su cantaleta en el gabinete que estaba al fondo de restaurante, después de oir sus pendejadas, le dijo que chingara a su madre y que se largara, que no la quería ver nunca, un vaso de cristal con agua se cayó sobre la mesa, el agua escurrió hasta el suelo, la mujer de la bolsa de plástico con las viandas se quedó sentada, con los codos sobre la mesa y el rostro encajado en sus manos, respirando lento, casi cincuenta minutos, cuando sintió que era demasiado pidió la cuenta aún con los alimentos fríos sobre la mesa, el mesero le dijo que si para llevar, por mero instinto respondí que sí, le cobraron, le llevaron las bolsas, que aún en su molestia le pareció mal detalle dejar abandonadas. Al encaminarse por su auto estacionado en la calle, observó a los vagos y se quiso sentir un poquito menos mierda.
– Gracias seño… gracias… Órale pinches come cuando ai, van, dense…
Se pegaron al frasco, otra vez. Ya muy extraviados en sus loqueras, ya muy delirantes, entonadísimos, cada uno se fue caminando para encontrar un lugar, un sitio oscuro, irrelevante, para dejar caer la osamenta y echar a dormir la máquina un rato.
DRN… miado
