RELATO | EL CHAVO DE LOS SONNY ANGELS

Le pregunto si tiene Sony Angel y me dice que no, insisto que dónde puedo encontrarlos, más adelante me dice, sigo y llego a una banqueta, afuera de una bodega con la puerta abierta, un chavo y una chava atienden un puesto de peluches, labubus, artículos para celular, pregunto si tienen Sony Angel, dudan, me dice que sí, el chavo me dice que sí y va y busca al interior del bodegón, lo sigo por mera curiosidad, entro al, digamos, mausoleo de los artículos de moda olvidados, las réplicas empolvadas. Ninguno de los dos que atienden ha desayunado y ya son las nueve de la mañana, no les dio chance porque hoy llegó mercancía nueva y el Coreano se puso intenso. En la esquina, en Jesús María, un hombre ya tiene listas las bolsas de papas fritas que cocina en la banqueta, una hazaña pasar por ahí, con el cazo hirviendo, friendo el tubérculo; al chavo de los Sony Anyels se le antojan las papas fritas porque le llegó el aceitoso aroma. Me muestra las cajitas, le digo que dos. Apenas me da mi cambio y me entrega las dos cajitas, camina hacia la esquina con intenciones de comprarse una bolsa grande de paporras, a su paso se le cruza un puesto de quesadillas afuera de una vecindad, una señora vendiendo tostadas de pata, tinga y mole en una mesa de plástico, también un gran puesto de carnitas calientes, estuvo a punto de detenerse para pedirse uno de maciza pero se dijo que era mucho, quizá para la hora de la comida, quizá. También se encuentra con el hombre de los tamales y los nescafés, ahí sí se detiene y pide: qué pasó papito, buenas, me preparas dos lecheros con tres de azúcar y me das dos orejas de jalostoc, ora, ora, (risas), muchas gracias papito, dios te bendiga, el hombre continuó hacia la esquina en donde estaban las existosas papas, ya había una fila de tres personas esperando a ser atendidas por el flaco de mandil verde, cerca del cazo con aceite, el compa de los Soni Anyels lee los encabezados del periódico, el albur matutino informa de los ataques de los gringos a medio oriente, un mundo realmente enfermito y todes distraídes en la vida. El diablero grita, golpe avisa, la señora de mandil, hay gorditas, quesadillas, el don de los jugos, de naranja, toronja, antigripal, verde, el chavalón de la lona en el suelo, llévele, llévele lo robado, barato, todo barato, llévele, el policía con su méndigo silbato, el señor, café, pan, café, pan, el gracioso, ¿tiene pan… y café?… Es su turno, qué pasó papito, una papas grandes con todo, poca salsa Botanera, y unas papas a las francesas papito santo / va que va, ¿con todo igual? / sí, ora sí se te juntó / dos tres, ahí va el negocio / simón, ya estás como el de las cocas congeladas / gacho gacho / ¿y cómo ves eso de los bombardeos? / ora ¿cuáles? / esos del periódico / oh, no pus ni idea / no pus todo el día en la papita / gacho gacho ¿así o más?/ ya con eso si no el de atrás paga / ya está / ¿me regalas una bolsita? / yastas / ¿cuánto es? / cincuenta y cinco / va, ya estás, gracias, chido, que vendas chido papito / igual, gracias. El chavo de los Soni Anyels caminó de regreso al puesto, la mañana ya estaba en su mero punto proletario, en el calorsito que dice no hay de otra. En alguna bocina de alguna bodegona sonaba El Chamaquito de Dan Sánchez. Le entregó el café, el pan a su chava, abrió la bolsa de plástico, le dio las papas a la french. Ambos comieron en calma en alguna calle del centro, un lunes, en este planeta de lunas rojas.

DRN… angelical

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