Es el hombre el único animal capaz de reír.
Aristóteles.
Por un momento podríamos haber llegado a pensar que hablar sobre el chiste no sería algo tan serio, ni tan complejo, aunque en realidad tal como ya lo hemos visto, parece lo contrario. Sólo para hacer una breve síntesis y poder complementar recordemos, ávido lector, que mientras en la primera columna aludíamos a cómo el chiste busca producir risa, la misma risa que hemos considerado parte esencial del humano y sobre todo esa manifestación de libertad y por ende liberadora. En la segunda hablábamos de cómo esa misma libertad ha mostrado irse coartando entre paradigmas de las moralidades de las distintas épocas. Tal parece que por ello hablar del chiste se vuelve un tema tan paradójico que va y viene entre lo serio y lo risible. ¿Se puede hablar de manera seria sobre el chiste? Para el filósofo Eugenio Ímaz, esto parecería necesario, pues justo ahí es de donde se desprende la esencia de quienes pretenden hacer reír como es el caso del bufón. Pero para ello es necesario saber hacer un buen uso de lo que puede o no provocar la risa, se debe tener cierto grado de inteligencia y sagacidad para poder decir lo preciso en el momento adecuado, el contexto en ello juega un papel fundamental, pues como hemos visto anteriormente el moverlo de época sin el contexto justificable tiende a no provocar los mismos efectos y entonces el chiste pierde sentido, o como bien menciona mi querido Praxedis Razo; El chiste, el bueno, es siempre frescura y la mejor manera de comunicar el estado del tiempo social. Los malos chistes, pudiera ser, reflejarían el mal tiempo. Sería como ver a través de una mente descompuesta.
De esta manera podemos ver cómo es que entonces el chiste no depende únicamente de que sea bueno, sino también exige que sea bien contado, entonces se suma la calidad más la capacidad intelectiva de saber contarlo en el momento preciso y en el contexto adecuado. O como dice nuestro querido filósofo de la sociedad líquida, Zigmunt Bauman; “el chiste funge como un mecanismo de alivio que resulta del enfrentamiento ante las contradicciones de la vida”. Y es que, sin ello, probablemente sólo habría pesadumbre, de la que ya estamos retacados. Bajo la tesis de nuestro buen Praxedis, el chiste, entonces, no se encuentra en decadencia, quizá sólo le haga falta ponerle un ápice de atención para valorarlo como se debe, y ahí la problemática no radica en el chiste mismo sino en el desenvolvimiento de quién lo cuenta. Sin embargo, con el avance de las nuevas tecnologías, el chiste, aunque presente, ha ido buscando otras nuevas formas de manifestarse, tal podría ser el caso de los memes en las redes sociales, de donde el contexto se traslada a parámetros de hermeneútica, o en término más simples; interpretación, de donde se exige una semántica clara y común, de la cuál se pueda apoyar para que el juego de imágenes mezclado con palabras logre alcanzar el objetivo de hacer reír. La naturaleza de este fenómeno ha creado la facilidad de explicar, como bien decía el buen Praxo; la posibilidad de comunicar nuestro tiempo social, a partir de hacer risible hasta lo trágico, algo que nos ha invitado a sacarlos de manera tan frecuente hasta poder ser citados en cualquier charla o plática común y corriente, pero para que eso suceda se requiere igualmente de la misma agudeza e inteligencia no sólo para crearlos, sino también para reproducirlos. De esta manera solemos ver que el alcance que tienen dan muestra de que el chiste no ha desaparecido, aunque quizá vaya cambiando sus formas, contenidos o intenciones, su acto de liberación nos demuestra que a pesar de los pesares, nos sigue acompañando de manera trascendental y en esa trascendencia es donde habitan los mejores, los que hicieron reír a nuestros padres o abuelos, y son los que harán reír, sin duda, a nuestros hijos y nuestros nietos. El buen chiste no necesita anunciarse, explicarse, disculparse, ni mucho menos justificarse, para quienes bien lo saben entenderán que ahí es donde se encuentra su esencia, tanto el público como el contador, hacen del chiste su manifestación risible y mantienen vigente la prueba de que como humanos necesitamos de alguna u otra forma esta herramienta para sobrellevar el gran peso de nuestra existencia. Pues tal parece que la vida es un chiste que depende de cómo se comparta para considerar si resulta un chiste bien o mal contado, lo importante no es tanto eso, sino que, siendo bueno o malo no dejemos de reírnos de ella o con ella, antes de que ella sea la que se ría de nosotros. Para poder ser un buen contador de chistes habrá que tomárselo en serio.
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Al Praxedis Razo.
Luis Melchor (El Tres)
febrero del 2026
#LaNaveVa
