FILOSOFÍAS ESQUINERAS | SEGUNDA FILOSOFÍA SIN CHISTE

“Sin embargo, el chiste, el buen chiste, no se deja escribir”.

Marcelí.

— Me dice la Tania que ya nadie cuenta chistes en los bares (…) hoy en día contar un chiste llega a ser hasta peligroso, se ha perdido la genealogía del chiste, el no saber soltarlo hoy en estos tiempos hace que se corra el riesgo hasta de que te linchen como le pasó al pinche wey este del Platanito- Dice mi buen Carlos Esaú López, o mejor conocido como “El Echaú” pa los cuates, mientras conversa sobre el creciente desuso de aquello que de repente nos solía reconfortar frente a las adversidades, problemas o hasta tragedias; “los chistes”. En efecto como bien conversaba nuestro querido Echaú con Tania, tal parece que el tema de los chistes se ha convertido en una página de la historia que comienza a desvanecerse, es verdad que el ascenso de las tecnologías, redes sociales y otros medios han ido produciendo otras “nuevas” formas de relacionarnos como sociedad, pero justo en esta misma forma de sociabilizar, los cambios se van adecuando de acuerdo con los criterios de como la sociedad rige y en su propio contexto los va regulando. ¿Pero entonces será que el chiste ha ido perdiendo ese acto de liberación humana que tanto caracterizaba? ¿O será que, como sociedad, somos nosotros los que lo hemos ido reprimiendo y ocultando? Ocultar lo que libera, ¿será acaso un ejemplo de algo así como una autorrepresión o auto censura?

Kant, aquel filósofo alemán de la ilustración afirmaba en una de sus obras que el ser humano padece de una especie de temor a la libertad, ya que hablar de ella implica asumir la propia responsabilidad, en este caso se podría decir que con ello se produce un efecto de que a mayor libertad mayor responsabilidad, dando paso a su famosa sentencia; “Sapere aude” o lo que quiere decir “Atrévete a saber”. ¡Ay! Querido Kant, ¿Qué habrías dicho en estos días viendo en lo que estamos? Puede ser entonces que independientemente de no atrevernos a saber, cómo afirma nuestro autor, tampoco nos atrevemos a la libertad. Suele ser el consenso una herramienta harto peligrosa cuando cumple la función coercitiva. Decidir de lo que se debe o no reír parece regresarnos a los tiempos en los que se regulaba qué se podía o no saber, justo de eso mismo hablaba el Echaú en otra ocasión cuando recordaba el libro de Umberto Eco; “El nombre de la rosa”, en donde uno de los temas centrales es precisamente la famosa obra perdida de Aristóteles, “el Tractatus Coislinianus” mejor conocido por la creencia histórica como El libro de la risa. Este segundo libro de La Poética, cumple parte central dentro de la novela de Umberto Eco, pues resulta ser un eslabón disque perdido, pero que al final resulta que sólo estaba oculto, escondido, postrado y sobre todo prohibido, ya que la risa y el hablar de ella solía ser una especie de transgresión, un escape dentro de los límites no únicamente de la moral, sino también del raciocinio mismo. Así pues, la novela de Eco, resulta no ser sólo grandiosa por su narrativa, sino por la profundidad con la que se inmiscuye entre los ámbitos de lo permitido y lo prohibido desde el discurso o lo que se dice, la razón o lo que se piensa y la risa o lo que se provoca y suele ser provocador.

Podría ser entonces que la risa sea, en este caso, prohibida por provocadora, hasta aquí algo comenzaría a tener sentido, tanto así que lo solemos observar muy frecuentemente y a veces sin darnos cuenta en los personajes de las novelas o películas llamados “malvados”, que en su mayoría se distinguen por sus características risas, haciéndonos creer que no sólo les gusta el mal, sino que hasta lo disfrutan, pero no hay que perdernos, no olvidemos que tanto lo prohibido como lo malo, son conceptos puramente construidos por el consenso moral, lo que quiere decir no otra cosa que es una delimitación que nuevamente nos lleva a lo que debemos hacer o de lo que nos debemos reír. Y justo esa es la línea que el chiste trasgrede, pues siguiendo esta misma lógica, si la risa es mala y la risa es contagiosa, entonces el chiste podría ser la mejor herramienta para contagiar la risa. Pues a sabiendas de su sentido original el chiste no sólo es cuestión de humor, sino también de ingenio y agudeza, es decir; exige una trabajada agudeza intelectual, que no sólo responde a lo gracioso o prohibido, sino al contexto, el momento y las palabras adecuadas. Y aunque parezca chiste, una columna más no nos ha dado para concluir, por lo que tendremos que reír esperando la tercera.

.

Al Echaú.

Luis Melchor (El Tres)

enero del 2026

#LaNaveVa

Deja un comentario