Entonces el bufón empezó a bromear en serio, y ahí estaba en su elemento.
Eugenio Ímaz, Utopía.
-¿Te acuerdas cómo iba ese chiste que contabas en la secundaria que hacía cagarnos de risa?- Pregunta Ariosto, mientras maneja su camioneta recién salida del mecánico, después que le hicieran la afinación -¿A cuál te refieres?, ¿el del vampiro fronterizo? –No wey, ese no, era el de un wey sin pie, algo así, –Ah ya sé, te refieres entonces al del cojo horroroso. ¡Ándale!, ese mero wey, no mames, estaba cagadísimo, bueno aún lo está, es que, sí es bueno, el pedo es que en aquellos ayeres había más gracia, o al menos sabíamos distinguir entre los chistes, entre los buenos chistes y los malos chistes, o los chistes que no tienen chiste, que es lo que más prevalece hoy en día. Han cambiado las cosas, sí, también los chistes y la gracia, lo que en algún momento llegó a ser gracioso hoy en día ya no lo es tanto, Pues sí, la moral de antes ya no es la de ahora, dice, mientras se genera una breve pausa silenciosa. Decía mi maestro que los chistes son parte indispensable de la cultura, especialmente la oral, pues cuando se transcriben pierden la mayor parte de su esencia, que tiene un gran toque de estilo y la gracia que sólo se ven manifiestas en la forma de contarlos, por eso también creía que suele ser en los funerales en dónde luego surgen algunos de los mejores chistes, ahí en el rincón alejado del féretro donde se encuentran reunidos aquellos deudos que pasan el pesar acompañados de recuerdos y anécdotas, que de pronto pasan a los chistes, sin percatarse del movimiento exacto en el que oralmente se pasa de la tragedia a la comedia muy al estilo de los griegos, esa misma comedia que desde los antiguos ha pretendido dar muestra de que la vida “es así”, máxima primordial para todo momento que se desenvuelve entre la tristeza y resignación a través de la comedia misma, o como lo decía Bergson, el filósofo francés; “Lo cómico, para producir su efecto, exige algo así como una momentánea anestesia del corazón”, pero ¿Qué hace que una comedia termine siendo un chiste?, ¿Qué es lo que hace que un chiste sea gracioso? ¿Qué hace que un chiste tenga chiste?
Una de las definiciones que más me ha agradado, no sólo por la precisión sino también por lo romántica forma de conceptualizarla, es la que a menudo escuchaba decir al Marcelo; “El chiste es un acto de liberación, la mayor expresión de libertad del ser humano”, dicho sea de paso, Marcelí siempre fue un gran contador de chistes, porque así se les acostumbra decir aquí en México “contador”, es, sólo hasta hace pocos años que aquellos que contaban chistes se les ocurrió seguir (pa variar) la moda gringa, y se comenzaron a denominar así mismos como “Estanduperos”, vaya palabrita, ahora resulta que ya la mayoría quieren ser estanduperos, que porque dicen que se oye más acá. Bien recuerdo que el surgimiento de esta nueva corriente de cuenta chistes a la que no les gusta que les digan así, tampoco agradaba mucho al Marcelo, salvo un par de excepciones, ya que confesaba que el estilo “agringado” resultaba ser más ofensivo directo que inteligente y con estilo, pues si algo acostumbraba tener, además de ser buen cuenta chistes, era tener un buen ojo crítico, y ese mismo era el que apuntaba hacia el hecho de que con la moda standupera, aquellos chistes particulares que surgían en la privacidad de los funerales comenzarían a escaparse hacía la visibilidad de lo público en los escenarios del standup, quizá sea por ello que algunos chistes que en la privacidad daban paso a las carcajadas, tomaron otro tono ofensivo cuando salen manifiestos hacia un público múltiple y de múltiple moralidad, donde ya no todo encaja igual, y el chiste se va diluyendo. Quizá sea esa delgada línea entre lo privado y lo público la que condenó a la sentencia de varios chistes que anteriormente podían ser causas de las más abiertas carcajadas y los enviaron a lo más recóndito del olvido, el no tener presente esa delimitación o saber distinguir entre lo uno y lo otro puede que hay sido lo que ha provocado la satanización no sólo del chiste sino también de la risa, el afianzamiento sobre lo que se “debe” o no reír, así como sobre lo que se “debe o no” hacer chiste se ha vuelto nuevamente una paradoja que recae en el tabú del cuál en algún momento creímos habernos liberado, es entonces el chiste no sólo un tema de intelecto o sentido del humor, sino de libertad misma, una libertad que al parecer sigue siendo un tabú, o no, eso lo podríamos seguir dilucidando en la próxima columna.
Al Barracuda.
Luis Melchor (El Tres)
diciembre del 2025
#LaNaveVa

