GALERÍA | MENTE APAISADA

Tenso hasta la más antigua desgracia, nervioso, con el sustituto de azúcar a tope en la sangre, turulato, friolento, con la Ciudad en la memoria, las nubes en su anaranjado, el atardecer en su sensualidad envuelta en azules, nubes de óleo y acuarela. La señora vende tamales en la esquina, su hija cobra. El perro negro, echado en el montón de arena descansa ante la poesía de las diez de la mañana.


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