RELATO | SALVAR EL MOMENTO

– Sí, hija de su pinche madre…
– Es ésa, te dije, ayer apenas me dio tiempo de guardar, nomás se me quedó bien clavo , me saludó, buenos días don, buenos días mija, que le digo, pero bien quesehace…
– Sí, es la tal Gaby, no chingues, igual yo, apenas vi, la vi, dije, no, no chingues, no se va a poder…
– Chingao, te digo, pero pues qué… yo así, con esto aquí abajo y ya cualquier cosa, lo meto a la bolsa, sin iris, pero bien quesehace, sí sabe…
– Pues sí, pero pinche mona, no mames…
– ¿Comiste?, ¿Traes la manzana?…
– Sí… acá la traigo… Pues chingao, a ver pues, yo como traigo esto pues sí tengo que mostrarlo, pero de volada se dan cuenta…
– Pinche madre…

El metro se detiene dejando entrar un aire gélido y a la oficial 991230 Seguridad de la Ciudad, de uniforme azul, gorro con tonos amarillos, y en su placa roja su nombre, G. Olivares. La señora y el señor que traían sus mochilas y unas bolsas de plástico con la mercancía nada más apretaron los puños, los párpados y un poco mucho las nalgas, sudaron algo frío, sus huesos crujieron y se sintieron congelados, su presión sanguínea aumentó de manera acelerada, sudaban, respiraban agitados, después, más calmados. La oficial 991230, echó un vistazo al vagón, miró al señor, a la señora, sus mochilas, sus bolsas, el metro avanzaba.

– Bueno mija, nos vemos, me bajo en la siguiente, con cuidado.
– Con cuidado…

Ya en la estación, otra, una aún más fría, más oscura, rodeada de hoteles, el hombre abandonó el vagón, las puertas se cerraron. La mujer, aún nerviosa, cerca de una puerta, sacó apresurada un audífono inalámbrico del bolso de su sudadera, se lo colocó en la oreja derecha, apretó con el dedo índice, sonó una de Grease, la cursi, la que canta la chava. La mujer se acordó de algo y quiso que el tiempo viajara en un auto de la fórmula uno. El metro avanzó sin prisas.

DRN… jopleslydivottoyu….

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