Compramos cosas que no necesitamos con dinero que no tenemos para impresionar a gente que no nos importa”. El Club de la Pelea.
-¿Vas a comprar algo este buen fin? Vi una pantalla que está de super oferta- se le escucha preguntar a una señorita que junto a su compañera toman asiento en el microbús, mientras éste se dispone a volver a emprender la marcha cual bólido en pista de carreras, –Ay, no lo sé, no creo, ¿a poco tu aún crees que en verdad hacen descuentos? Porque yo vi en un TikTok, que en realidad sólo les suben los precios a las cosas unas de semanas antes para que en la mera fecha se los “bajen” al mismo precio que tenían antes, haciéndonos creer que verdaderamente están de oferta, además ni tengo dinero y con mi tarjeta de crédito ya debo hasta mi aguinaldo– responde su compañera, con un tono de voz entre angustiante y resignado, mientras continua, -además tú ya tienes dos pantallas, ¿para qué quieres otra más?– haciendo una pequeña pausa su amiga le responde: –ay, pues sí amiga, pero las que tengo ya están viejas y además podría venderlas, y bueno para eso trabajamos, ¿no? Para darnos nuestros gustos, consentirnos, además yo sí aprovecharé que aún me queda crédito en mi tarjeta, y quién no se arriesga no gana, lo de menos es endeudarme, no me gustaría arrepentirme después pensando en que fui una tonta que no aprovechó la oportunidad, ay, perdón, sin ofender querida.Mientras ambas guardan silencio sin saber qué responder la una a la otra o cómo continuar la charla, a lo lejos se escucha gritar, ¡Baajan!, ¡Baaaaaajan! Pinche burro. ¿Para qué pones tu timbre si no vas a hacer caso?.
La charla un tanto indiscreta daba paso a reflexionar ciertas cuestiones que de vez en cuando nos inquietan a cerca del sentido no sólo del trabajo sino de la economía personal ¿Será cierto que en verdad trabajamos para darnos nuestros gustos a pesar de las deudas? ¿Será ese el verdadero sentido del trabajo? ¿Será que el fin último del dinero sea satisfacer nuestros caprichos y no para cubrir las necesidades básicas? Pues lo curioso es que de repente para enero parece haber más arrepentidos que satisfechos, y entonces las respuestas se vuelven un tanto complicadas. Y es que hace un par de semanas se llevó a cabo el famoso “Buen Fin”, que ha sido una pretensiosa copia del famoso Black Friday gringo, un periodo de días en los que se dice que muchas empresas grandes y comercios ponen “ofertas y remates”, a “precios únicos”, algo que de entrada y desde ahí, comienza a sonar bastante cuestionable, ¿será cierto que aquellas grandes empresas y compañías nos hacen un “favor”, y no sólo les interesa nuestro dinero? ¿En verdad les importamos tanto? Aunque parezcan preguntas bastante extremistas no por ello tendrían que ser inválidas, en el terreno de la especulación todo se vale, se valen hasta los refranes como aquél que reza; “Piensa mal y acertarás”, y es que si algo tienen los refranes es que saliendo del dominio popular algo de verdad deberá haber en ellos.
Acúseme de insolente, exagerado o especulativo, pero desde hace más de veintiún siglos, Diógenes de Sinope, el cínico o “El filósofo perro” quién era de a deveras insolente y desvergonzado, se burlaba de toda persona que se exigía de posesiones materiales para justificar su sentido de la vida, atribuyéndole a este una carencia de la verdadera virtud que para él significaba vivir una vida en armonía con lo que la naturaleza por sí misma nos da, pues de ella emana la satisfacción de las necesidades básicas, tanto que sus biógrafos cuentan que en algún momento de su vida afirmó que se deshizo de su única pertenencia material, que era una jícara de barro, al percatarse que un pequeño bebía agua con sus manos, es entonces que se dio cuenta que no la necesitaba y que a su parecer resultaba hasta cierto punto como un lujo.
Diógenes encontraba de una manera muy clara la diferencia entre necesidades básicas naturales y esenciales, como la comida, vestimenta simple o refugio mínimo y las necesidades artificiales, como la riqueza, comodidades o el estatus. Algo que al parecer hoy en día se ha desvirtuado, más aún con el apabullante crecimiento del capitalismo que se las ha ido gastando en inventar nuevas “necesidades” para posteriormente vender las satisfacciones, una herramienta que le ha funcionado tanto que da miedo, sobre todo cuando uno se da cuenta de lo mucho que puede llegar a deber, y aún así, seguir con las ganas de seguir comprando. ¿Qué pensaría Diógenes de nuestra forma de vida actual? Sería bastante interesante saberlo, al menos yo me imagino que lo más probable sería que no sólo se riera o burlara, sino que hasta se cagara, literalmente, y de ser el caso ojalá y lo hiciera, pero en el capitalismo.
Luis Melchor (El Tres)
noviembre del 2025
#LaNaveVa

