ESPECIALES DE HORROR | INSOPORTABLE AROMA

Nos echamos a correr cuando pasamos por ahí porque ayer sacaron un muerto en una sábana blanca. Vinieron los bomberos y todo, las patrullas. Me dijeron que olía bien feo, Brandon, vive al lado, grabó cuando se llevaban al muerto, no quise ver el video pero Viole dice que estaba bien feo, bien gordo, de un color bien raro, nunca nunca había visto ese color, después, Brandon trató de describirnos el olor pero no pudo, se fue luego luego a vomitar al jardín.

– Ya duérmete, ya duérmete, ya mañana vemos cómo le hacemos, tú duérmete…ya ni modo, ya vemos mañana…

En el fondo de su celular tiene a su nieta, abre wats, contesta el mensaje, está algo molesta porque no entiende muy bien; ¿por qué está pasando eso?, no lo entiende, aunque los vecinos son muy silenciosos, muy grises, la fachada muy gris, todo muy… no entiende, por supuesto que reconoce el olor, lo reconoce, no le alarma pero sabe que va a empeorar, mucho, y no sabe qué está pasando. Abre el teclado de llamada, presiona tres números, tono, tono, tono, le contestan:
– Buenas tardes nueve once, en qué le podemos apoyar…
– Ocupo una patrulla o algo, al lado de mi casa huele horrible, lleva días el hedor…
– Bien, tiene más información…
– Ninguna, sólo que ese olor no está bien, no está bien…

Se despertó. Se le antojó un doctor peper azul, en la tienda de la esquina vendían. Se tardó cuarenta minutos en poder levantarse de la cama, se puso el cubrebocas; en el taller de motos ya estaban arreglando a ritmo de una salsa súper triste. Se vistió con lentitud, de otro planeta. La música del taller estaba en algún solo de trompeta cuando abrió la puerta de la alcoba. Trataba de no respirar, de hacerlo muy muy despacio. Antes de bajar las escaleras le preguntó a la mujer que estaba sentada en el sofá, frente a la televisión, mirando su celular:
– Voy salir, ¿quieres algo de la tienda…?
– … … ….
– ¿Nada?
– Nada… Tampoco le traigaas nada a…
– Que no, que ya no, ya no… y ya no le hables, no le estés hablando…
– Voy contigo…
Ya el sol sabía de la racha de fríos que acariciarían la Ciudad, un tono muy azul iluminaba las casas, los edificios, departamentos. Al ver las patrullas, otra vez sintieron el escalofrío paralizante. Apretó la taparrosca de la gaseosa, la mujer apresuró el paso. Los vecinos miraban escondidos desde su ventana, la azotea. Rumores en el ambiente. Llegaron a la puerta blanca metálica. Los policías les abordaron. Platicaron. Afuera de la casa. Platicaron mucho. Algunos aspavientos de él, la mujer más tranquila. Abrieron la puerta, una oficial pasó a la casa. Después de abrir la puerta, el hombre guardó las llaves con el llavero del Baticano en la bolsa de su chamarra deportiva. Caminó a la cocina y tomó escoba y recogedor, salió a la calle y barrió la banqueta frente a los policías que trataban de no respirar mucho, sonaba en el taller, Busca por dentro de Niche.

No sé responder cuando me preguntan que a qué olía, la neta estuvo gacho, muy gacho, ni me la esperaba, mi abuelita nos dijo que algo estaba pasando en la casa de al lado, pero pus a mí me dio agh y no fui, primero, pero ya luego sí fui, porque busqué en internet y sí ví cómo se ven después de varios días, porque seguro llevaba varios días, no ma’, puf, y sí, y sí, llevaba muchos días, por eso el olor, entonces, sí, entonces sí dije, esto tengo que verlo, osea, mmm, cuando fuimos al pueblo, cuando fuimos, no sé si se acuerda que atropellaron un perro y le fuimos a echar cal y no pudimos y hasta vomitamos los tacos, así, pero más, osea, no sé, mmm hasta soñé, en serio, neta, soñé con el pinche olor, pero que el poli nos dice, no que así es diario, que a veces está peor, jaja, pero hasta el poli que se va de nalgas nomás cuando le dio la primera olida, no ma, la neta sí, es un madrazo, te echa para atrás, Canelo Álvarez, rajo, no desencajo, ahhh, barras y albur, ahhh, ahh, na, pero no sé, carne podrida, no sé, no sé, tendría que pasar mucho tiempo así, podrida, no sé, no puedo despegármelo del seso, a veces sí, pero está locochón porque es un olor que ya no es olor y todavía lo sigo recordando.

Pues dice la doñita que ya subió y que de ahí se puede uno brincar, compañero… Íjoles, pero, ¿seguros que no hay nadie?… Seguros, seguros, bueno tocamos tres veces y nadie abrió… Hay compañera, está complicado, déjame ver qué dicen en base…(nerviosos, sin embargo atentos, podía ser una tontería, una bolsa de basura, podría ser… podría ser)… Afirmativo, compañera, que procedamos pero de una… Enterado… ¿Entonces con escalera?… Afirmativo, ya la tiene la señora, por acá comandante…Buenas tardes señora… Buenas tardes, ¿siempre sí?… Afirmativo, gracias por su cooperación, con permiso…Pásele, suba, es por acá… Gracias… Gracias… Por nada, qué bueno que se animaron, ya no se aguantaba… ¿Por esta escalera?… Sí, hasta arriba… Gracias… Pues, sí huele… Sí, le digo… Ah, es acá, uf, sí…Sí, sí compañera, sí… Pues acá está la escalera… Gracias, gracias, yo la pongo y yo bajo, yo bajo… Correcto, compañero, gracias señora… Voy para abajo, hace frío, sí, sí, yo creo que sí, sí, compañera, sí, voy a entrar… ¿Compañero?… Ugh… Diagh…Pff… Atrás jóvenes, por favor, ¿compañero?…

Cuando el oficial 1998-41 abrió la puerta lo supo de inmediato, curioso, entró a la habitación, plantas, muchas plantas, revistas y cajas, muchas, muebles que apenas se notaban en la penumbra. I Don’t Know de Badbadnotgood se escuchaba a todo volumen en un minicooper estacionado en el taller mecánico. Apunto de estallarle la cabeza del dolor provocado por el olor, decidió salir al balcón y respirar, miró a su compañera y asintió con la cabeza, la compañera miró detrás de su colega, intentó gritarle pero un viento agresivo absorbió a su compañero, la puerta se cerró con furia, gritando, el hombre se levantó del polvoriento suelo y de nuevo abrió la puerta, esta vez de una fuerte patada. El oficial subió por la escalera metálica hasta la azotea de la vecina informante. Confirmaron lo sospechado y no hablaron mucho del susto, los policías no entendía muy bien qué había pasado, el oficial 1998-41, platicará tiempo después que a partir de ese día es que escucha el susurro en su mente por las noches.

Rechinaban las paredes, crujía la madera de los sillones, el viento se detenía en las ventanas, las plantas se agachaban de a poco, la tierra se secaba, el cartón de las cajas se hacía blando, oscuro; la tela de las cortinas se convertía en polvo, golpes repentinos y fuertes en los muros, los focos se encendían y apagaban de vez en cuando, las sillas tronaban, el colchón se vencía, los resortes chillaban, las sábanas tomaban un tono amarillo, la piel abotagada, el agua haciéndose humedad, echando a perder, los órganos en putrefacción. Un toquido en la puerta de la habitación: Ahorita venimos, no tardamos, duérmete.

– Ahí viene…
– ¿Quién?…
– La señora…
– La seño… ya…
– Sí, está cruzando la calle…
– ¿Para acá?…
–… Sí, ya cruzó…

Esta Ciudad, la de este relato, la de estos momentos, respiraba con algunas complicaciones, muy frío el viento, muy fétido, muy de Ciudad, de cañería y bolsas de basura en la esquina. Muchas motos aceleraban sobre la calma calle. Un vago se arrastraba en la banqueta, el sol apenas se asomaba, par de líneas amarillas sobre el asfalto oscuro y sucio. Se escuchó el timbre de una casa, una, dos veces, agudo y fuerte, después un enorme silencio.

DRN… mitotero

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