Le atendió Violeta Guadarrama Mendiola. Además del ticket con el nombre de la cajera, que no estaba en ese momento, le entregaron su cambio, puras de a diez y un billetito morado, bonito. En la bocina blututh sonaba una de los Vaguers, esas melancólicas y llevadas de verdad. Tomó el ticket y escribió con la pluma bic que estaba en le mostrador del oxxo. Al silencio de la ausencia acostúmbrate. De tus actos, de tu hacer, de tu respirar. Dobló el ticket, lo apretó y lo dejó caer al suelo. Minutos después, encontré ese papel, y lo leí, en silencio, en la mente, y surtió efecto.
AVENIDA XOLA Y UN DULCE OLOR A CANNABIS
Abordar el Metrobus en la espera de lo más inusitado. Sentir el aire fresco de la Ciudad. Percibirse en la noche de un domingo. Con la tremenda duda de no sentirse humano, de saber que hay algo, un germen, una sensación extraña que me transforma, que me pide algo, no sé. Tengo calor, abro la ventana del transporte, el viento me tranquiliza, vuelvo a mis células, a mi piel, la calle, sus luces, me regresan, me dicen ven. Estación Álamos. El intenso olor a marihuana dulce es antojo para mis neuronas. Llego al Gato Calavera, una leve revisión y paso. Se oye la música. Se escucha el ska sabrosón. Me siento raro, ni la marihuana calmó mi insatisfacción, mi terrible nervio, respirar agitado. El Punto Ska, enmascarados con la de Rey Misterio y el Dr. Wagner Jr., se rifan unos buenos ritmos que hacen bailar al personal, y eso sí me provoca satisfacción, ver a la pandilla bailar en domingo, a las y los jóvenes sudando mucho y bailando más, el escenario está cerca del personal, se miran a los ojos, se cantan cara a cara, se divierten, el baile de los desconocidos, los algunos desconocidos, los desperdigados del domingo, bailotean en este espacio acalorado, en este calor que eleva mi temperatura y despierta mi apetito.
EXPULSAR LOS MALES
Ya no supe de dónde salió esta repentina sed. Pedí una caguama y la bebí de un trago largo, largo, largo, fría la chela, eructo seguro, pero no, ni así, ni así pude expulsar los males, ni así pude ahuyentar este algo insaciable. Konflicto subió al escenario, las playeras con el logo de la banda aparecieron, las caguamas en las manos de la banda que vino a escuchar el ska, del personal skasero, del prole que domingueó y vino y dijo venga, y se la está pasando chido en esta cueva tapizada de stickers, tags, grafittis, de huellas de las y los que estuvieron aquí, que dejaron pasar su vida, que bailaron, y se aventaron y empujaron los cuerpos, lo hacen ahora, danzan, brincan, se avienta, se suben a las vallas y vuelan, conviven, El Punto Ska está abajo del escenario y también canta, baila, toma. Se agudiza algo en mí, se transforma algo, estoy seguro, no es el lugar, no es la música, skaskaskaskaska, no, soy yo, es mi mente, es mi cuerpo, que yo no es nada mío, nada nada mío, mentiría si lo siento mío, si me obedece, en algo, no, nada, nada, ni siquiera respirar, no tengo registro de cómo lo estoy haciendo, no tengo la menor idea, no la tengo, no soy yo, no me me obedezco, no, no, no.
EL CHILLIDO DEL SAXO
El chillido de un saxofón me alerta. Entonces, de manera incontrolable, cuando Los Revoltosos están en el escenario, dándose la paz, antes de comenzar, me dan ganas de agitar el cuerpo, se mueve, la canción comienza, sale de las bocinas, músicos se acompañan, tocan, interpretan, dan vida a la música, hacen valer el instante, mi cuerpo danza en el desmadre, danza en la irreverencia, danza, mi voz grita, mi ojos miran todo, bailo y huelo, huelo, huelo cuerpo, huelo, apesta, hiede, a sudor, a humores, humano, persona, a pieles, huele a cerveza, a cigarrillo y cannabis, apesta, apesto, huele, una mujer en una esquina, sentada en la oscuridad, la banda tocando, el slam en medio de la pista de baile, luces bajas, muy bajas, luces en mi rostro, olor a humanidad, a sangre, a sangre, me muevo rápido y llego hasta la mujer, muy cerca de ella, me hinco, huele a malvavisco y fresas, a verano entre árboles frutales, se asusta pero mi cuerpo, mi ser, mi voz, mis labios, su piel.
EL GELISH DE VIOLETA
Se apresura. Termina de lavarse los dientes. Escucha las noticias en la radio, los gritos de sus vecinos, la campana de la basura, el berrido del vendedor de agua, de tamales, un músico y la nota crepitante de su trompeta. Lava algunos trastes. Apaga la radio. Se acomoda el abrigo. Toma las llaves, cartera, celular. Abre la puerta, se retira. Todo eso lo hizo cantando una canción en su mente, dame veneno, dame más veneno, quiero ver la luz mientras que en un blues sangra mi guitarra, dame veneno, dame más veneno, rojo amanecer, tienes que encender cuatro veladoras… Cierra la puerta. Camina sobre la calle de vientos incómodos. En el puesto de periódicos, el grupo de hombres platica los resultados de la jornada de la liga mexicana de futbol. Lee el periódico. La noticia es increíble. SOBREVIVE AL OSCURO. MUJER DICE HABER VISTO UN BRUCOLACO. Camina tratando de recordar algo. Llega al oxxo. Le reciben sus compañerites.
– Quihubo Viole, ayer no se te vió, mírala nomás, si te fuiste a hacer las uñas, ¡qué perra!
DRN… revoltoso.


































































