Yo también tengo que hacer una vida. Los pensamientos no se le facilitaban, de píe, afuera del Salud Digna, con el vaso de unicel en una mano y el celular en la otra, bien pegadito a la oreja. Pues digas lo que digas, pero así es, así será, yo te entiendo, tú no me entiendas… sí ya sé, ya sé, pero pues ni modo, qué te digo… Al otro lado de la llamada, en alguna parte del mundo, de la vida, del planeta, estaba la persona, en una tarde de olores húmedos, de aires fríos y gotitas de agua desperdigándose sobre el suelo, en el techo del vagón; la persona escucha eso que tanto odia oír, esa voz, no imagina qué esté haciendo aquél y no le importa, no le importa, ¿qué es eso de hacer una vida?, ¿qué está queriendo decir?, ¿qué quiere decir con eso?, ¿qué le motivo a decir, eso?, ¿una vida?, ¿una vida?, ¿qué es una vida? Abordo del metro, sentada en banca metálica, agobiada, cuelga la llamada antes de que siga diciendo estupideces esa voz, esa puta voz, esa pinche voz. Guarda el celular y comienza a dormitar, el viejito coscolino que está de píe no deja de mirarle el uniforme gris y las medias oscuras, mientras dormita, sueña, poquito, pero sueña.
Suenan unas guitarras insolentes, un ataque cardiaco a la emoción, una vibra fascinante, caliente, el cuerpo una brasa, el olor de la noche en las fosas nasales, tonos vibrantes en los colores de un sitio que es más una cueva, un lugar de luces, un túnel profundo, movimientos intensos, el cuerpo no es cuerpo y se siente liviana, no es cuerpo, caer repentino al vacío infinito.
Despierta. El viejito sigue mirando su uniforme. El metro avanza. Suena Shut Up de Royel Otis. Es el tono de su celular. Llamada entrante. Desvía. Mira al viejito. Se levanta. El metro se detiene. Sale del vagón. Sube escaleras. Camina por el pasillo largo hasta encontrarse con el pensamiento más absurdo en su mente confusa y soñolienta.
DRN.
RELATO | SOÑAR POQUITO
