Nos encontramos en la calle, diario, cada quien se dirige a su trabajo. A veces más apresurados, otras un poco más dormitando, más perdidxs en la situación, en el ambiente, en la soledad de la Ciudad. Y llueve, llueve y no pararán las gotas, las nubes están en su gris más espeso, en sus llantos más justificados, en sus lágrimas más provocadoras.
Avenida División del Norte, cerca del Museo de las Intervenciones, callejeando, las personas se encuentran entre sus soledades, en sus más íntimas decadencias.La Ciudad ataca recio, sus gritos, sus nervios en el asfalto, los reclamos de la vida, la Ciudad tan grande, tan insignificante en el Universo, tan única y tan delirante, tan cambiante, Ciudad pronta, Ciudad inmediata, sitio de sitios, naderías, absurderías, momentazos, vidas, sin vidas, gentes, nogentes, lugares y sus nolugares, ambición y un poco de envidia, hastío, nervios, muchos nervios, de cafeína, de vivir, de chingar, de chingarle, sus bebés llorando y sus alucinantes avenidas en la intensa vibra, en la eterna muerte, en su música, la Ciudad y la congestión nasal, sus aromas y sus amorfas e indescifrables maneras de existir, me condeno a ti, me irremedio y me sacio de tus malas rachas y famas, me intolero, me anticipo. Acuérdate que yo me acordaré, por ahí, en la vida, en las canciones, en las imágenes, en las noches antecito de dormir, acuérdate. La Ciudad ataca recio.
Se trata de no existir, se trata de desviarse, pongo Time out, a todo el maldito volumen, más, todo lo que se pueda. No sé si fiarme de mi carta astral, desconfío de las constelaciones, o lo que los humanos creen que son las constelaciones, me aturdo, me retumbo, me percusiono al tono del mae Desmond, me zafarrancho, me inquieto, me alucino infatigable, nocturnito.
Un día gris, llorón, de ansiedades y depresiones garantizadas. Un día así en la Ciudad del agobio, del café y las galletas, del sanwich y los yogures, en la Ciudad de los jugos y los tacos de guisado. La Ciudad de la guajolota, atole de avena, de guayaba, arroz y chocolate. Tengo el cerebro pegado, apelmazado, ando caduco del coco, ando falseando, cortocircuiteando, ando falaz, ando tremendo, no sé cómo detenerme, ni por qué lo haría, no sé cómo no saber. Me empieza a bloquear el Brubeck, busco algo más grasosito, Blue Train.
Efímeras insinuaciones de las circunstancias, del cotidiano, del buscar y no encontrarse, del husmear en las nubes y hallar la tormenta. La Ciudad respirando enfermedad, la Ciudad atormentándose por más de un motivo. Nos encontramos, nos miramos, a veces por segundos, pero avisamos de nuestra existencia en este ensayo, en este jam insensato. Los ritmos de la Ciudad descocan mi ser. Me intuyo, me huyo, un gato muy gris, muy mitotero se posa frente a mí, en una calle, en una baldosa, muy cretino, muy sangrón, maúlla, se larga.
DRN… jazzzzzy
RELATO | RITMOS DE LA CIUDAD

