A veces es la manera de llegar más rápido, a veces es la única manera de llegar.
Sentido Contrario.
Hace ya ocho años que Sentido Contrario se dejó de transmitir, aquél espacio noctambulo lleno de maravillosa música, contenidos bastante aleccionadores, ideas demasiado discrepantes, invitados fuera de serie y una audiencia bastante inquieta, solía ser el refugio de todo ello en armoniosa comunión, involucrando a los que por no escuchar lo mismo que las mayorías, nos la pasábamos buscando una frecuencia más o menos respetable, hasta que aparecía una voz gruesa, inteligente y perspicaz echando madres. No sé si por juventud o por irreverencia el escuchar una voz diciendo groserías era, ya de entrada, digno de detenerse a tratar de entender el porqué de la intensidad con la que transcurría el programa, bastaban solo unos minutos para captar que esas groserías no eran las mismas groserías que comúnmente se escuchaban o las que se escuchan todos los días, estas eran diferentes, tenían algo, no eran groserías sin sentido, éstas sí lo tenían, pero no sólo tenían sentido sino que le exigían tener sentido, dudo mucho que los micrófonos por donde viajaban aquellas ideas siempre ásperas e inteligentes del programa hayan vuelto a transmitir algo similar, pues además de todo reflejaban mucha congruencia y sobre todo libertad, uno de los términos más mancillados hoy en día en el terreno de los medios de comunicación.
Con el auge de las nuevas tecnologías y surgimiento de otros tantos medios de información, tal parece que dicha libertad ha pasado a otro plano, pues como bien decía nuestro querido locutor; habría que tener cuidado con el exceso de información, porque junto a él viene de la mano el exceso de desinformación, y esto se convertiría en un mundo no de libertad, sino antes bien, de libertinaje. Por aquél entonces dichas palabras, casi proféticas, solían causar una temible incertidumbre sobre ¿Qué? O ¿Quiénes? Tendrían en sus manos la capacidad de controlar lo que se comunica, o peor aún, que aquello que se comunica se saliera de control, y que el análisis crítico se viera sobrepasado por todo lo mucho que se dice, sin tener la capacidad suficiente para discernir entre lo cierto y lo falso, o como hoy en día se ha bautizado en los terrenos de las redes sociales; fake news. Que de entrada el nombre en inglés ya sería bastante cuestionado por nuestro querido amigo.
En los medios de comunicación no es sólo lo que se dice, sino también el cómo se dice, o el sentido con el que se dice, uno de los más grandes periodistas del siglo XX, Ryszard Kapuściński decía que quien tenía el control sobre los medios de comunicación sería quien tendría el control de todo, independientemente de que la información que difundieran fuera falsa o verdadera. ¿Quién diría que por pensar como pensaba y tener el valor de decirlo, terminaría siendo un incómodo para el sistema? Pues terminaron condenando su meta periodística a la insolencia. Tal parece que personajes con tal criterio, lo único que querían era advertirnos y prepararnos para lo que vendría, un mundo donde todos dirían mucho de todo, las notas falsas y no, se reproducirían como plaga sin dar tiempo a distinguir cuál es cuál. Una verdadera grosería, pero de aquellas que no tienen sentido, una grosería para el pensamiento crítico, carentes de las primas perspicacia y suspicacia, que deben de ser las rectoras de todo buen análisis crítico. Como asumía el buen Shcopenhauer; la falta de reflexión e inteligencia suelen manifestarse a través de la grosería como la falta de respeto a las ideas ajenas, pero por eso también consideraba que hasta para saber insultar se requiere de cierto estilo intelectual y estético, de esta manera, a través del lenguaje es que se manifiesta el nivel de intelecto y pensamiento.
Para nuestro filósofo de la voluntad, la falta de respeto a las ideas ajenas terminaría siendo la grosería más común y corriente, y por ende la más grosera, algo que jamás hubo en Sentido Contrario, porque si algo se defendía en ese pequeño cuadrante de amplitud modulada, era justo el procurar esa diversidad de pensamiento, independientemente si se estaba de acuerdo o no con las ideas, el enriquecimiento dialéctico que se fortalecía a través de ello, y aunque insolente o incómodo para el sistema daba paso a ir en contra de lo linealmente establecido, ir más allá de lo simple, era y es ir contra la corriente, como los salmones. Desde hace ocho años las groserías se han quedado en el camino de decirlas por decir, pero los salmones saben y se cuidan de no olvidar una de las tantas filosofías de aquel cardumen: La grosería resulta una forma insolente de decir las cosas, pero de ella deriva entonces el decirlas sin sentido, con sentido, o en Sentido Contrario.
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Luis Melchor (El Tres)
agosto del 2025
#LaNaveVa
