– ¿Por qué dijiste eso?
– ¿Qué?
– Más a que a nada en el puto mundo…¿por qué lo dijiste?
– Porque sí, nada más…
– ¿Quién te lo dijo o qué?
– Lo vi, lo escuché en una película…
– No, no, ¿quién te lo dijo…?
– Para… ¿por?
– No… no… me dijeron que cuando dijeras eso, iba a pasar…
– ¿Dijera qué?
– Eso, eso que dijiste… dijeron que entonces iba a pasar
– A pasar qué… ¿de qué me hablas…?
El sol en sus tonos más anaranjados arrancó las calmas. En la alterada existencia de un planeta errante, adentro de la cantina de una Ciudad indiscreta un hombre chaparrito entonaba una canción cursilona y daba de golpes y razgueba fuerte una guitarra barata, desgastada, algo astillada. En la calle, el cielo gris explotaba en blancos y azules fuertes, la vida se oscurecía, los perros se escondían, las tentaciones humanas se espantaban, ¡ayayay! Gritaba el austero cantante, ¿Por qué preguntas si conoces mi respuesta? Fuera caretas, o pretendes que te mienta, la dignidad y la fé no se remiendan… El monstruoso cielo rugía y de sus oscuras fauces no dejaban de salir cascadas de violenta agua, la antigua Ciudad, sus locuras, su absurdo cotidiano se ahogaba colonia por colonia. El sol miraba apenado. En Avenida Juárez, cerca de la Alameda, un ser gigantesco, enorme, se irguió lentamente de entre las lagunas formadas por la lluvia. Llovió, llovió por años, en donde hubo una Ciudad, un guardián gigantesco de movimientos lentos y su estandarte de culebra en una mano, cuidaba el valle que nunca dejó de ser suyo.
DRN… #lloviente
RELATO | GUARDIÁN

