FILOSOFÍAS ESQUINERAS | EN EL MISMO INFIERNILLO

COMO TE VES EN 10 AÑOS | César Ubaldo Pérez Bastida | Óleo sobre tela | 2022

COMO TE VES EN 10 AÑOS | César Ubaldo Pérez Bastida | Óleo sobre tela | 2022


“…por eso me dan lastima aquellos que se creen buenos y tratan de arreglar el mundo, cuando lo único que hace falta es hacerse ¡pendejos!”

Chin Chin, El Teporocho,

…En tu peeeeeerrra vida…- Se le escucha cantar a don Maduro mientras se echa un largo sorbo de alcohol de caña mezclado con jugo de naranja en aquella esquina de la cantina ya cerrada, aquella que resulta ser vieja testiga del tiempo perdido, donde con gran sentimiento se platica entre los compas del escuadrón de la muerte o “la banda del yogurt” como también son conocidos en el barrio del infiernillo, dado que para servirse su alcohol de caña con jugo utilizan los vasos reutilizados de yogurt ya vacíos. Mientras platican sus aventuras, experiencias y vivencias del día a día, entre la corta de caña, el trabajo en el ingenio azucarero, la albañilería o las cosechas, suelen retratar la vida del jarocho que encuentra en la no pertenencia otra forma de pertenecer, su vida, como una narrativa que se va diluyendo al mismo tiempo que se va acabando la bebida mientras sacan la cooperación para la siguiente anforita, son aquellas charlas que en sólo unas horas van y vienen entre lo triste, lo alegre o trágico, las que reflejan al mismo tiempo un estar sin querer. Aun cuando el alcohol logra hacer de las suyas al alejarlos de la realidad, ellos mismos se cuidan de no faltarle al respeto a los vecinos que por la mañana pasan a hacer su mandado, al menos en educación jamás faltara un saludo cordial, por más que entre ellos se echen desmadre.

Así se toma en la zona de las altas montañas en Veracruz, obviamente no todos, es más, ni si quiera la mayoría, y quizá ni si quiera sé si así tomen en toda esta zona, pero como bien decía mi amigo Iván Galíndez; a veces lo más particular suele ser el reflejo de lo general, es por ello que hablo de mis compas del infiernillo, no desde quien de lejos los conoce, sino desde con quién de cerca convive, porque no es que tengamos que ser exactamente iguales para entender el devenir de compartir el trago, quizá y lo más probable, hasta podría ser lo contrario y que por la diferencia sea por la que nos llegamos a identificar. Es entonces importante considerar que a partir de la diferencia es que surge la identidad. Ahora que lo recuerdo algo parecido mencionaba aquel querido filósofo lituano, Emmanuel Lévinas al hablar sobre la construcción de la identidad a partir del “otro”, Tal es la definición de la libertad: mantenerse contra lo Otro a pesar de la relación con lo Otro, asegurar la autarquía de un Yo. ¡Zaz! Tal parecería que es entonces frente al otro, o lo otro, que nos vamos reconociendo, en primera como un Otro y en segunda como un Yo. Sin embargo, el caso más que antropológicamente interesante, resulta filosóficamente reflexivo, pues si nos acercamos un poco a la situación podríamos darnos cuenta de que la pertenencia que buscan nuestros amigos de la banda del yogurt parece una escapatoria a la pertenencia de la realidad moral, política y social a la que estamos acostumbrados la mayoría, su búsqueda de pertenencia resulta entonces una pertenencia a la no pertenencia, la búsqueda de una pequeñita sociedad alterna o una alteridad, una otredad.

Estar frente a otro(s) conlleva así el reconocimiento del yo, es ahí, sobre esa delgada línea en donde nuestro amigo filósofo coloca todo el peso de la libertad, pues asumirse frente a una otredad conlleva de sí la responsabilidad misma de estar en relación con el otro, tendría pues que asumirse el reconocimiento de sí mismo, lo que a decir de ello ya es un trabajo harto complicado. Pues para asumir que no se quiere ser (aquello que se es), primero habría que saber responder ¿Qué se es? Para después poder salir de ese ser, y entonces sí poder ser otro. Vaya trabajo tan complicado que muchas veces podría dudarse si en verdad es así como lo ven, no sólo nuestros buenos amigos del infiernillo, sino otros tantos compas que eligen esa misma evasión de lo que muy comúnmente mal llamamos “normalidad”.

Pero evasión no necesariamente representa autentificación, pues para el reconocimiento de sí parece exigirse un trabajo constante del uno y el otro, algo que en la evasión sólo se ve a la ligera y de lejos, pues el ignorar que se es parte de algo, podría representar lo mismo que ignorar que se está evadiendo algo que ni se sabe, El ser prisionero que ignora su prisión, está en su casa. Su poder de ilusión -si la hubiese- constituye su separación. Es quizá entonces que podemos pensar la figura del teporocho como esa representación del Otro que en su búsqueda por no querer ser, alcanza una alteridad quizá hasta plausible que busca salir de un infierno para pertenecer a un infiernillo, sería interesante averiguar si don Maduro como otros tantos compas lo pensarán de la misma forma, mientras que sin importarle más continúa su doloroso canto; “…en tu peeeeerrraa vida”.

Luis Melchor (#ElTres)

julio del 2025

#LaNaveVa

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