CRÓNICA | HOMBRE EN LA VENTANA

Sentí el humo en la garganta, vi en el reflejo del espejo la brasa de la hierba, anuncié a mi vida que la noche podría estar amena. Una ducha. Unas rolas. Las noticias sangrientas en la televisión. Humo en los pulmones, en la Ciudad y sus calles de penumbra, de autos acelerando sobre los charcos que reflejan inquietantes brillos nocturnos. Espero el trolebús sin tratar de esperar, sin angustiarme y parece me hace caso, tarda, las personas atraviesan la calle, un vago intenta caminar de una acera a otra; un sujeto de gorra oscura y uniforme de alguna cadena de restaurant de comida italiana, sentado en la banca del parabús, habla por teléfono en un tono de voz nervioso, antes de que el trolebús se detenga, el sujeto se pone de píe y camina apresurado hacia la avenida, las puertas del transporte se abren y sigo pensando en Muchacha en la ventana.

Una mujer da la espalda, recargada en el borde de una ventana de marco verde agua, mira, piensa, sueña, muere, revive, algo… frente a ella, el mar. El trolebús acelera sobre Municipio Libre, el chofer escucha boleros inolvidables en su bocina, justo cuando el dolor de la canción está en su momento más aterrador, llegamos al Parque de los Venados, presiono el timbre, una señora con dos bolsas grandes de plástico adelanta sus movimientos y baja primero, en la banqueta, cada quien toma su camino; un lugar de guitarras en Chichen tzá suena bastante estirado, ja, camino, me camino, me pienso, me parpadeo, una mujer de espaldas, una ventana, un cuadro, muchas vidas, una vida, varias realidades, un divague mental, un escurrir de ideas, un moqueo de pensamientos, llego a una glorieta que huele a tacos, en general las calles huelen a comida, café, pan, pizza y demás propuesta culinaria de la zona. Me extravío por no querer usar el maps, camino e intuyo que llego, Steelwood Guitars, entre la oscuridad de un sábado de lluvia que cae sobre el cemento y el pavimento a ritmo de una rola de Gorillaz.

De todas las posibilidades del mundo estoy subiendo las escaleras de un edificio algo viejo pero bien cuidado acá en medianía, el roof es mi destino, la música en vivo suena hasta la calle, par de personas me dan la bienvenida, llego y lxs muchaches ya le están dando duro al guitar hero, el concurso para saber quién es más salsita en la presión del botón y el rockanroleo estaba sucediendo ante varios que gozaban el evento. Concursantes vagazos del videojuego se daban las tres de rock con una banda que desestrezaba al personal con su interpretación en vivo. Mundo loco éste, cosa de banda clavada, se les veía divertidxs, hubo músicos invitados, los muchachos en las consolas estaban al día, la música sonaba bien en el roof. La guitarra, el bajo, la batería, la voz, sentí, de nuevo, la hipnosis, caminé, sin duda, atontado, bajé, pensando, en la mujer, su espalda, su calma, bajé las escaleras, me detuve frente a una puerta, giré la manillla, en la oscuridad del lugar di algunos pasos, entré, dejé la puerta abierta, caminé hacia la ventana, la abrí, recargué mis brazos en el borde, la noche y sus lucecitas, sus ruidos, su ánimo, su inclemente pulso, la Ciudad, la noche, la gran noche, la única noche, ahí… Sí, ¿policía?, un loco entró a mi departamento… está recargado en la ventana.

DRN…


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