El mundo no está preparado para la crítica directa, sincera y desnuda.
Roberto Rojo.
Hay veces que la mente está abierta y hay veces qué no, pero de un tiempo para acá, cada vez está más cabrón decir lo que uno piensa, porque estamos en un proceso medio oscurantista donde decir la neta y ser crítico se puede asemejar al estar sólo con un machete frente a oleadas de Orcos. Dice mi querido amigo Roberto Rojo, al narrar su paso del mundo de la investigación al terreno de la divulgación científica. Roberto o “Chibebo”, como le gusta que le llamen, además de ser el famoso presentador de muchos programas como “En busca de bichos”, es biólogo, espeleólogo, pero sobre todo un gran amante de la naturaleza, lo que se percibe a través de su gran calidez humana. Para Roberto el aspecto científico de su carrera lo ha llevado a considerar la basta importancia que tiene la biología, desde los más grandes reptiles hasta los más diminutos bichos, de los cuales siempre tiene algo sorprendente para contar, y es, al parecer, éste mismo asombro lo que lo ha llevado durante todos sus años de trabajo a la necesidad de invitarnos a asombrarnos de la misma manera. Al seguir su narrativa Roberto cuenta que fue cuando llegó a la reserva de Chamela (Jalisco) y se acercó a los habitantes de la zona para convivir, y en un trabajo ya un poco más antropológico, con unas chelas en mano, le preguntó a un habitante si sabía lo que los biólogos hacían ahí en la reserva, pero al escuchar la respuesta nada favorable continuó con la misma tarea con otros habitantes, sin tener mejores resultados. Ahí es donde está más cabrón, dice Roberto, porque si tienes el conocimiento y no sales con la banda a explicar porque es más importante el cuidado de la selva que dejar a los cerros pelones entonces ahí hay un problema, pues de un paso a otro es de donde viene la pérdida de los más ricos ecosistemas.
Todas las décadas de trayectoria en las que Roberto no sólo ha aprendido sino también generado conocimiento lo han llevado a ser el gran amante de la naturaleza que es, pero resulta que es por lo mismo que ha dado con el clavo de la importancia que tiene no sólo el poseer conocimiento sobre la naturaleza y difundirlo, sino también y sobre todo, defenderlo. Justo esta parte es la que en la última década lo ha llevado a poner a prueba no sólo todo lo que sabe, sino sus principios, ideales y hasta sus valores, pues justamente es el desconocimiento de la riqueza natural de nuestro país el que ha llevado a infravalorar la naturaleza misma y sobrevalorar los caprichos humanos, tal es el caso del famoso Tren Maya o “Tren Mata”, como lo ha bautizado él, y es que ser un amante de la naturaleza y no sólo observar, sino ser testigo de la tala de miles de hectáreas de selva, lo llevó a vivir su peor pesadilla. Tener que experimentar dicha situación le exigió tener que alzar la voz y compartir todos sus conocimientos a través de la divulgación, de manera tan simple parecería ser nada grave, hasta que espontáneamente aparecieron los famosos “defensores de la corrección política”, que injuriaron contra él sin si quiera conocerlo, ni a él ni su trayectoria, pero eso sí, creyéndose a sí mismos expertos en el tema, tal como lo han alimentado de manera negativa las redes sociales, y es que como lo manifestó en algún momento el filósofo Umberto Eco, “Las redes sociales han generado una invasión de imbéciles que le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel”.
Muy probablemente tendrá cierta razón nuestro querido amigo filósofo, si consideramos que estar detrás de una pantalla escribiendo sin dar la cara, ocultándose en falsos perfiles o alimentando las denostaciones faculta la posibilidad de, como dicen en mi pueblo: aventar la piedra y esconder la mano, cuando no se les encuentra “expertos” en medio ambiente, se les encuentra como “poseedores de verdades” religiosas, económicas, políticas o sociales. La gravedad del asunto no es cualquier cosa, y es que si no asumimos la importancia de que para generar una buena crítica se exige el dominio de un buen conocimiento, entonces seguiremos creyendo que el tener acceso libre a las redes sociales nos da derecho a decir cualquier tontería y nada cambiará, o como diría nuestro filósofo español, seguiremos siendo parte de la misma invasión de imbéciles, en el sentido etimológico de la palabra: “aquellos de debilidad mental”, y podríamos agregarle: que no cuestionan, pero se encargan de reproducir lo que ni saben y ni es verdad. En su vida jamás han plantado un árbol, pero eso sí, escriben como si supieran, pues si supieran injuriarían menos y defenderían más.
Luis Melchor (El Tres)
junio del 2025
#LaNaveVa

