EL MASTICAR DEL CHICLE

El chicle truena en la boca de manera agresiva e insensata.
– ¿Ah ver, platícame lo de Yamilé?
La voz femenina le habla al teléfono, la goma de mascar en tremendo concierto de trashmetal.
– Ah ver, enséñame rápido…
Una mujer de cabello rubio mueve la cabeza desaprobando el escándalo bucal.
El metrobús avanzaba acelerado, el viento intentaba aliviar alguna que otra malhumoración. Avenida Insurgentes en unos tonos azules muy amables. Yamilé, ¿Yamilé? No supimos qué hizo, parecía un buen chisme, pero no, no se pudo culminar la observación participante, el metrobus aceleró de más para llegar a la siguiente estación. Las puerta se abrieron y la mujer salió, aún mirando su celular, aún sorprendida. Puertas cerradas. El transporte avanzaba todavía con el eco del chicle rebotando en los vagones. Un mimo callejero inventaba una caja en donde estaba encerrado, no podía salir, la caja se hacía más pequeña, en la calle, en ese asfalto, sobre las cebras de paso, la luz en amarillo, el mimo no podía salir, luz en verde, el mimo no escapaba, atrapado, clóxones de autos, gritos desesperados, autos acelerando agresivos, buscando una salida, el mimo atrapado sin poder salir, llorando, Insurgentes vía sur atascado por par de minutos, dos hombres, encolerizados, cargaron al artista callejero y lo aventaron a la banqueta. La avenida fluyó. Varias gotas gordas caían aceleradas sobre el pavimento, la banqueta, tormenta, charcos. Atrapados en un seven y leven, dos mujeres y un hombres cantaban, sin preguntar quién eras, me enamoré, no sé de dónde vienes, ni lo que tú prefieres. Dos mugrosones tiraban neta en la puerta del quita quincenas, con los pies mojados, la ropa escurriendo, ¿esto está sucediendo?…

DRN… 🙂

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