Para hacerse eficaz, el discurso personal del crítico debe sacrificarse entre paréntesis, darse como algo implícito en el acto mismo de ver, y hundirse como un filo en el objeto de conocimiento, pero jamás dejar de ponerse en duda ni de cuestionarse a sí mismo sobre la marcha, hasta lo contradictorio y la autocorrección.
Jorge Ayala Blanco, Falaces fenómenos fílmicos.
A la doña se le viene durmiendo el compa en el hombro de la manera más manchada, la doñita ya hasta se enojó y el compita de gorra nomás no agarra la onda, se va de lado y con él la caja de cartón que lleva, el encendedor rojo se le ha caído tres veces, y, beibi, allá abajo hace calor, yo traje el ventilador, para darte las buena noches… la Ciudad ardiendo, aún en el metro, aún en los pensamientos. En Revolución se detiene el bólido naranjado, descender y caminar; en Puente de Alvarado el vago en silla de ruedas apenas duerme, los de los tacos de carnitas ya encendieron el cazo y se están dando sus chilaquiles verdes con mucha crema. En la entrada del lugar las dos torres se anuncian todxsmías, acá, se lucen; espero al profe P. que me tira un texto que dice ya estoy cerca, paso por unas frías, y entramos al leyendadi Cinematógrafo del Chopo, la función ya tenía unos minutos de comenzada; acomodándonos el sticker del Ficunam 2025 y acostumbrando el ojo a la oscuridad esperamos en los escalones de la sala, Lázaro de Noche (2024), de Nicolás Pereda, en la pantalla grande. Ya encanchados, ubicamos la esquina de J. Ayala Blanco, y decidimos importunarle la función con nuestras risas, y los ruidos de las latas.
Acudir a una película realizada, escrita, fotografiada por Nicolás Pereda, representada por el colectivo Lagartijas Tiradas al Sol, se me convierte en un extraño goce, en una tarea amena, encontrando las repeticiones, las referencias, los lazos lanzados al mar Perediano. La sinopsis nos cuenta: Tres amigos de poco más de cuarenta años se encuentran audicionando para un codiciado papel en una película. Mientras navegan por el proceso de audición, uno de ellos entrevista a un ex profesora de literatura. La reiteración del entorno cinematográfico está latente, acaso en un tono cómico, satirizando eventos, circunstancias, llevando el mundo banal y exuberante del cine, de la creación audiovisual, del performance y la representación a tonos hilarantes. La gracia, la risa, corrompen la seriedad del set. Diálogos en off, invitando a otros espacios, otros momentos, amplía las posibilidades evocativas, las interrumpe, o las descoloca, como sea, provoca.
Lázaro de noche, se desdobla mediante distintos artilugios de la creación artística, audiovisual: silencios, planos estáticos, lejanos, chismosos, música en vivo, juegos de palabras con el nombre del personaje. La cámara testigo del desenvolvimiento de Lázaro Rodríguez, Luisa Pardo, Franciso Barreiro, Teresa Sánchez, que se acoplan en cada secuencia, seguramente en cada ensayo, cada repaso del guión, sus personajes y sus personas crean ese universo alterno a la película, citándose, recordando ciertos espacios que me llevan a pensar en otras creaciones dirigidas por Nicolás Pereda, que en su conjunto y también de manera individual, parecieran no culminar, construyéndose así parte de un proceso, una construcción que no acaba, edificio en constante obra negra que se recrea y se moldea, que intenta albergar temas contemporáneos, extender pláticas acerca de las máquinas de juego que se encuentran afuera de los abarrotes, las pequeñas Vegas citadinas; o evidenciar posibles relaciones entre madre e hijo, entre amigues.
Un proceso que se enriquece con el visionado, lxs espectadores sumamos, agregamos, inventamos detalles para poder re entender la película, para gozarla, para, también, por qué no, desentenderla y hasta desatenderla. Lázaro de noche deja ir un aroma a colectivo, no hablo del pasucaso, sino de la creación en conjunto en donde el set no lo protagoniza nadie, no se sabe quién lo hace, suceden eventos, sólo eso, entre pausas, risas y algo de sarcasmo. Acontece la película, el relato, el tiempo avanza, las personas en la pantalla dialogan, construyen el instante con sus palabras, muecas, con sus intenciones. Existen momentos que me parecen demasiado chuscos y no puedo evitar la risa en esa oscuridad y silencio de iglesia. Intento intelectualizar lo que veo, lo que siento, pero no quiero equivocarme, o sí, y me dijo ir en la peli, me asumo parte de ese proceso, de esas situaciones que acontecen y sostienen la intriga.
Y por otra parte, debe reconocer que ningún discurso personal excluye a los demás, y que hay tantas posibilidades particulares como películas y críticos existen.
J.A.B.
La historia se rompe siguiendo una voz off que nos relata alguna experiencia de escritura con el cuento de Aladino, la imagen toma ese pretexto y nos lleva hacia otro Aladino, uno que tiene refrigerador que no sirve y la ambición le echa a perder los sagrados alimentos. El acontecimiento toma tintes de bodegones tristes, melancólicos. La película invita magia, una magia que alguien imagina, que alguien está pensando, el relato se pausa, los actores, las personas, los personajes se quedan en un limbo del que quizá despierten en el siguiente proceso cinematográfico. Entran los créditos, el maese Ayala Blanco, aún en la oscuridad, hace las últimas anotaciones en su libreta, antes de que la cierre le extiendo la mano para saludarlo, piensa que le estoy pidiendo permiso, insisto y me regresa el saludo, el profe P., también saluda y los tres salimos de la sala. De inmediato, chismoso y contento de estar con el maese de maeses de la escritura cinematográfica, le pregunto cuál es su opinión de la peli, en su idioma, me dice lo que piensa y no evito la risa, presurosos vamos a tirar el miedo al wc. Salimos del Museo del Chopo, los tres, y caminamos, alegres, por Puente de Alvarado y su histórica fauna, el maese Ayala Blanco nos cuenta de sus tiempos de primaria en algún edificio que aún es recinto escolar, nos charla de Juan de la Cabada, de Jaime Sabines, de Rosario Castellanos y Octavio Paz; el mae J.A.B., de pronto se detiene, y nosotros, admirados, le escuchamos sin que nos importe el calor, el sol, la caminata, las pausas valen toda la pena, cada vez que nos detenemos las personas que vienen atrás nos odian, no nos importa, es el maese, el maestro y es un gusto escucharle, le pregunto por algunas pelis de cine mexa, me tira sus inmediatas sinceridades, caminamos, me pregunta que si también soy de filos, le digo que nelson, Uamero de cepa, claro, más proletario, el mae sí que sabe y se la sabe recio. En una esquina, cerca del Metro San Cosme, esperamos a que se ponga la luz verde del semáforo, cruzamos y el maese, calmao y buen rollo nos tira la de fue un gusto para ustedes pero me retiro, pues cómo decirle que no, Jorge Ayala Blanco se retira, se sube al camión y nosotros nos perdemos en las calles de la Tabacalera. Hoy no va a llover, pero queremos hacernos agua con unas frías, llegamos al Oxford, cervezco fresco, charlita post peli en este mundo en donde los militares siguen matando gente, lo digital quiere engañar al humano, y el dinero, el dinero sigue diciendo quién manda mientras Lazaro, de noche, sueña que es Aladino y piensa en su tercer deseo.
DRN… #cinemático
Lazaro de Noche | Dir. Nicolás Pereda | 2024 | México | 1h.16min.
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*Ayala Blanco, Jorge, 1988, Falaces fenómenos fílmicos. Algunos Discursos cinematográficos a finos de los 70, Posada, México.

