FILOSOFÍAS ESQUINERAS| LO ESENCIAL NO ES INVISIBLE A LA MIRADA

 “Me da mucha curiosidad saber qué ven otros ojos que no sean mis manos”

 Maricarmen Graue.

A veces uno debe de aprender a ser fuerte y no demostrar los sentimientos, aunque nos esté cargando la chingada. –Platica mi querida Maricarmen– perdí la vista un 13 de diciembre, día de Santa Cecilia, “Patrona de los ciegos”, – continua su charla con una pequeña sonrisa que refleja una gran ironía – Recuerdo que cuando me iban a operar, para minimizar el miedo, mi madre me decía; es necesario lo que tenemos que hacer para que tus ojitos vuelvan a ver como unos ojos “normales”, lo que me llevó a preguntar: ¿Qué son unos ojos normales? ¿Todos los ojos ven lo mismo?

Además de ser tan admirablemente inteligente, a Maricarmen se le da hacer otras tantas cosas que, como bien dicen sus amigos; “todas le salen bien”, entre ellas se pueden contar las de ser una gran chelista, actriz, pintora, escritora, maratonista, carismática y, como ya se habrán dado cuenta, bastante filosófica. De las tantas cosas que se le pueden admirar a Maricarmen se encuentran  el desarrollo y agudeza de otras habilidades después de haber perdido la vista, como el desarrollo de sus otros sentidos; la finura de su tacto para tocar el chelo, la sensibilidad de su oído, el buen gusto, y la delicadeza de su olfato, pero además de ello creo que bien se podrían incluir entre otras facultades: el desarrollo de un oportuno aparato crítico, un minucioso análisis de diversas situaciones vitales, una indagadora reflexión filosófica y con todo ello su agudo manejo de emociones, que deja entrever un vaivén entre estoicismo y hedonismo, esta dialéctica entre razón y pasión podrían ser justo aquella característica que más resalte de la grandiosa persona que es nuestra querida Maricarmen.

Muy pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre preguntas que de alguna manera parecerían breves o sencillas pero que a su vez suelen ser tan profundas y nos llevan a dilucidar más allá de lo evidente, desde aquella vez que escuché las preguntas de mi querida Maricarmen y después de haberlas leído en su libro autobiográfico “Mirar Mirándome”, no he dejado de pensar alrededor de este mismo preguntar; ¿Qué son unos ojos normales? ¿Qué es lo normal? Como diría el buen Foucault. ¿Qué determina lo que es normal y lo que no lo es? ¿Todos los ojos ven lo mismo? ¿No tener vista impide saber ver? 

Para hablar de lo que se ve, los griegos ocupaban la palabra idea (ἰδέα), que etimológicamente hace referencia a la forma de las cosas, derivado del verbo (ἰδεῖν) que significa “ver”. Quizá esto sea no sólo una prueba de la brillantez estética con la que los griegos significaban de manera metafórica las cosas, sino también prueban que el significante se halla implicado en el entendimiento y lo que podría evidenciar que probablemente no siempre se necesiten ojos para poder ver, o mejor dicho; no todos los que tienen ojos tienen la habilidad de saber ver. Procuremos ir un poco más allá, y si seguimos jugando entre el sentido metafórico y el etimológico del que hablamos, podría ser válido decir que no todo el que ve tiene ideas, como suele ser muy a menudo, o en caso contrario no todo el que tiene ideas necesita ver. En caso de que nuestras conjeturas resultaran válidas, entonces podríamos aventurarnos a responder que es muy poco probable que todos los ojos vean lo mismo a pesar de que se observen las mismas cosas, las diferencias tanto de perspectivas, como enfoques o formas que como idea se impregnan en el entendimiento se perciben de manera distinta y esto muestra que no es entonces por la vista en sí, sino por quién lo ve, y más allá de ello “cómo lo ve”.

Saber ver no significa tener vista, también conlleva un sentido aún más profundo, ahora que lo pienso, Maricarmen me ha enseñado a ver más en tan sólo una charla y su libro, de lo que según yo había visto en todos mis años de vida. Pues con ella no sólo se aprende a ver, sino también a mirar.

Desde la perspectiva bastante lacaniana de Maricarmen, la mirada conlleva un trabajo aún más minucioso y delicado que la vista, pues no sólo consiste en percibir las formas a través de los ojos, sino en hacer conciencia de aquellas ideas que se impregnan en el entendimiento, y es a través de este tomar conciencia que uno se va conociendo a sí mismo. Los ojos de mi querida Maricarmen no son normales, cierto, ahora que lo pienso estoy seguro de que los míos tampoco, y a decir verdad que bueno que no lo sean, me da gusto saber que no sólo se trata de tener ojos para poder ver, pero me da más gusto haber aprendido de ella no sólo a saber ver, sino asaber mirar. 

 … A mi querida Maricarmen, gracias por enseñarnos 

a mirar lo esencial..

Luis Melchor (El Tres)

abril del 2025 

#LaNaveVa

 

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