RELATO | DE FRENTE AL SOL EN LA CIUDAD ABSURDA

Nada más le alcanzaba para un panalito, su cara toda hinchada y la vista perdida en no sé qué película de Nicolás Pereda; el de la tienda, todo macizote, todo hongueado, escuchaba a volumen recio Fue, de la Soda, justito en la parte que va bajando del saxo. El pandillo de piel oscura, casi morada de puro sol y pura peda, se acercó al mostrador de vidrio, dejó caer las monedas juntadas en un lapso de treinta y siete minutos, el de la tienda le dijo que le sobraban cinco varos, ¡ajua!, agarró el panalito con cariño, los cinco varos los guardó en la bolsa del pantalón que no estaba rota, se fue sonriendo, contándose sus cuentos en voz alta. De píe, frente al sol de las tres cincuenta de la tarde, los autos en su horrendo acelerar, una señora cargaba sus bolsas del mandado llenas, repletas de revistas, periódico, sobres; el hombre del panalito, descalzo, faroleando su estar, su ser un sujeto de la calle, del abandono, cabello seboso, cara con marcas, costras, mugre, dientes sucios, ropa negra, una bolsa de tela con nada, nada nada, naranjas. Desenroscó la tapa del panalito, le dió un tragote de harta sed, la mente nublada hasta el tsunami, el calor lo mandó al infierno y pidió suite presindencial. Echado en una jardinera de Tlalpan, eructaba, se tiraba pedos, le daba el último trago al panal. Atrás de él, detrás del bullicio citadino, sentada en la banca metálica del metro San Antonio Abad, una chava como de veintiquíuboles, escuchaba en sus audífonos inalámbricos, No, de Shakira, no se puede vivir con tanto veneno, la esperanza que me dio tu amor no me la dio más nadie te juro no miento… Un motociclista aceleraba cabrón para llegar a tiempo a la entrega, el metro se detenía en la estación, abría las puertas y la chava de, pesa más la rabia que el cemento,abordaba el vagón de mujeres, una doña vendía en tono cantadito bolígrafos y chicles de mora.

DRN… aysíaysí

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