Las primeras versiones son las mejores, a pesar de los errores,
porque son naturales, y son de las que más aprendemos
Miguel Ángel Nuñez, El Lagarto.
Si algo he aprendido en la vida y entre el mundo del espectáculo y los escenarios es a cagarla, pero no sólo por cagarla, sino porque vas aprendiendo a cagarla, y es ahí donde se encuentra la clave; en que de una u otra manera aprendes, no se trata de solo cagarla sino que hasta para ello, hay que saber cagarla– Dice mi querido Miguel Ángel Nuñez, o mejor conocido en el mundo de la contracultura como “El Lagarto”, indispensable referente del famoso tianguis cultural del Chopo, gran creador, músico, pero sobre todo, excelente persona. Además de su vasto conocimiento en música, al Lagarto le gusta mucho leer y conocer otras formas de pensar y entender el mundo, es de ahí que se vincula su forma de ver la vida con la filosofía que él mismo ha llevado a la práctica; “Es cagándola como de verdad aprendemos y aprendemos a aprender”.
Cuando se pretende hablar del conocimiento o el aprendizaje de éste, el discurso se vuelve bastante difícil, por no decir pesado, pero no cuando las formas se van dejando un tanto de lado como en su mayoría de casos la vida lo exige, es entonces cuando recurrimos a lo más inmediato que tenemos: frases populares, refranes o platicas de cuates, hay veces, la mayoría, en que las mejores lecciones no vienen de lo académico o profesional, sino de la vida más inmediata, un viaje en el metro, una caminata por la calle, un concierto de rock, una plática de café o una charla de cantina. En dichas ocasiones solemos entender más y quizá de mejor manera las cosas que académicamente no habíamos podido resolver y se puede llegar a preguntar, ¿por qué? ¿Qué es lo que hace que dichas situaciones nos impacten más que otras? O como decía mi abuelito ¿Por qué nos gusta aprender a la mala?
La mayoría de las situaciones que se nos atraviesan en el día a día nos dejan ciertas lecciones que, queramos o no, vamos aprendiendo, independientemente de que sea a la buena o a la mala y no tanto como decía mi abuelo que “nos gusta aprender a la mala”, pues tal vez lo malo fue la situación, y no el aprendizaje, pero también hemos aprendido de otras tantas lecciones que ni si quiera hemos podido dar cuenta. Probablemente no es tanto lo que vamos aprendiendo después de cada fracaso, aunque quizá sí influya, pero creo que va un poco más allá, es decir; se fracasa cuando se quiere, y este querer es el resultado de la aventura por atreverse a realizarlo, si no se atreve seguramente no se fracasa, pero pues tampoco se logra nada, en pocas palabras: nada se logra de quien nada intenta, y aunque suena bastante simple resulta un poco más complejo. De lo contrario la mayoría lo alcanzaría.
No sólo vamos logrando las cosas a través del aprendizaje, ya sean pequeñas o grandes, sino al aventurarse a realizarlas sin temor a equivocarse, pero sobre todo con la confianza de querer hacerlo, sabiendo que se pueda errar o no, se hace con gusto, con entrega y desinteresadamente, como lo afirmaba aquél filósofo estagirita, Aristóteles: “El mejor conocimiento resulta ser aquél que es desinteresado”, pero en la mayoría de ocasiones no solo aplica en los conocimientos sino también en las actividades, ésta otra lección la he aprendido de nuestro querido editor a lo largo de dos años, sobre todo desde aquél momento en que con bastante claridad y elocuencia afirmaba escribir por el sencillo gusto, sin la necesidad de buscar ser leído. Esas simples palabras manifestaban un ejercicio tan pleno de libertad que cualquiera de nosotros podría fácilmente envidiar, pero, lejos de ello a muchos otros nos pudo, ha podido y podrá motivar. Eso mismo es lo que ha caracterizado a este gran proyecto y lo ha convertido en sinónimo de libertad y resistencia, un rinconcito cultural y contracultural, eso mismo significa y representa Editorial Nanahuatzin, donde caben todos los mundos desde la poesía, cuentos y crónicas hasta debrayes filosóficos o infamias y desvaríos.
Nanahuatzin se ha manifestado como una querida trinchera que no solamente nos ha enseñado a disfrutar las diferentes narrativas de la vida cotidiana, sino también como decía el buen Lagarto; “a saber aprender hasta de los errores”, yo le agregaría: sobre todo a no tenerle miedo a ellos, o como por otra parte decía el buen Rousseau; “El hombre que más ha vivido no es aquél que más años ha cumplido, sino aquel que más ha experimentado la vida”, dejémonos experimentar y hagámoslo bien, libres y sin temores, pero más allá, provoquemos que los demás lo hagan, invitar a pensar no es tan fácil, pero nadie dijo que lo sería, y nadie nos está obligando, pero con gusto y por la misma libertad, el compromiso está en seguir navegando a contracorriente con nuestra querida Nanahuatzin, por dos años y los que vendrán. Albricias.
…A mi querida Nanahuatzin, al gran Diego Robleda. Que sean muchos años más de seguir a contracorriente.
Luis Melchor (El Tres)
marzo del 2025
#LaNaveVa

