Lo que llamamos arte sólo comienza a dos metros del cuerpo.
W. Benjamin | 1925
Día de San Valentín en la Ciudad de las manifestaciones y los calores incómodos. Día de #expo en el Jumex papito santo. Politécnico Nacional, exposición retrospectiva de la obra de Gabriel Orozco, (1962, Xalapa). Llegar a Polansky en metro para ejercitar la mente, la pierna y la charla. Callejear por Homero, Arquímides, Ejercito Nal., caminar, encontrarse con la música de la calle, los gritos, la masa friéndose en el cazo con aceite, la música en las bocinas del puesto de tacos #yoacápensandoqueeraelúnico, pero algo me dice que ya no bebé, los semáforos y el vago recargado en el puente vial, con sus Nike blancos con rojo de agujeta desamarrada, el indigente tomando el sol en la Ciudad del desmán y el ademán, el Alemán suena en un auto dorado que deja clara la situación con la leyenda de su placa: Hay niveles. Las personas corren para llegar al checador a tiempo.
Más allá de sus posibilidades de usos utilitarios, toda obra estética representa para el “público”, para la masa de la población trabajadora, un símbolo de ocio.
N. Ellias | 1935
Llegamos al monolito y la Mesa de ping pong, pasa desapercibida, un viento vacacional nos invade el rostro y la primera guardia nos da el boleto en la entrada, que es una réplica de una obra de Gabriel Orozco, un boleto de avión intervenido por los círculos bicolores, impreso en un boleto de entrada a una expo. La gente en sus compus en el café, el aroma de los expresos, capuchinos, lattes, recorre la entrada del museo. La policía nos manda a guardar nuestra bolsa de compras aka tote bag , #jaja, pero ni así, cinco morlacos en la máquina y el estilo artista pierde un elemento, #fak.
Trato de rescatar mis recuerdos, #yoacápensandoqueeraelúnico, jaja, bueno ya, recuerdo de inmediato algunos trazos con lápiz, algo automático, algo intuitivo. Después los ventiladores en el techo con papeles de water en sus hélices, el objeto de consumo aireando nuestra experiencia, formando peculiares ondas en el altísimo techo del tercer piso. El auto partido, reinvención, descontextualización de la máquina francesa, del estereotipo nacional. Las fotos de la Moto Amarilla y sus gemelas en Berlín. Las mesas de trabajo en donde encuentro el discurso, en las pequeñas formas, en los objetos y las ideas que provocan, que hilan, engarzan, evocan. Dibujos y una mesa de billar con una bola guinda suspendida por un hilo, niños jugando con la creación didáctica, con el tiempo en un juego, en unas bolas y un palo. Fotos de instantes y formas, deformadas ideas de un momento, la reproducción técnica, la alterada y falsa imagen de la realidad. El cuadro del grafito, los lapices diarios gastados en un lienzo, la metálica transformación y el reflejo de una condena: dejarse huella ante la vida consumista.
Pura risa, puro acá, las escaleras de miedo y bajando y cantando, en la vida pensamos que la gloria es el dinero, pero nos equivocamos nuestra gente es lo primero, #ánimo. El segundo piso nos aguarda con las peculiares obras destinadas a la observación de lo etéreo, de lo natural. Huellas de hojas entintadas colgadas de un lazo, trazos de Gabriel Orozco sobre una hoja con un escupitajo de pasta de dientes, restos de lo humano, restos de la vida en esa bola que rodó y rodó en las calles para impregnarse de mugre y vivencias. Pequeñas provocaciones: la capa de una cebolla, vienen a mi memoria también las fotos del perro echado, la pequeña Ciudad hecha de basura frente a una Ciudad hecha de rascacielos, smog y turbias manías. Y está la Caja de zapatos vacía, a un lado dos guardias cuidándola, la verdadera obra, el descaro en la sala, la posibilidad de transgredir objetos y espacios, de simplificar conceptos y dejarlos sin tapa. Obras pequeñas, algunos trazos reflejo de algún tiempo. Cráneos y barro, formas primitivas en donde se conserva, un corazón, unas manos, las huellas de alguien. Procesos de una búsqueda que se considera azarosa, no sé si gozosa, pero al menos se mira divertida. Tal vez cuestiona algún mal de nuestro presente, o juega con las representaciones y símbolos de lxs seres humanxs, de la sociedad, para provocar, conmover y hacer conversación, para crear en un mundo atiborrado de objetos, de muchos y variados. De cuadro en cuadro, trazo y objeto, avanzamos a la sala más luminosa, que se rodea de una zona ejecutiva de la Ciudad, deslumbran los vidrios de los edificios. El guardia responde nuestro saludo y nos indica el recorrido, entramos a la pecera en donde la muerte se configura en tatuajes y tiempo de huesos. La reproducción de la osamenta de una ballena sorprende al ojo, invita a curiosear en los trazos de lápiz que tanto atraen a Gabriel Orozco. Nos tomamos fotos con la obra, reímos, le damos un par de vueltas y nos encontramos con los balones, un montón, un sujeto acomoda uno que antes había pateado, me dan ganas de hacer lo mismo pero los guardias deben estar hartos de este tipo de iniciativas.
Naturalmente, para que sea arte, debe haber siempre un ingrediente de juego y creación.
M. Harris | 1983
En la parte final un cuarto cubierto de viniles pegados en las paredes con referencias a libros, textos y un videoarte en vertical en donde entre mucho se rescata la frase de Orozco: pues el que dice que puede hacerlo es que no tuvo huevos para hacerlo, o algo así. Recogemos la bolsa de paquetería, subimos escaleras y compramos un bonito souvenir con la foto de la caja de zapatos vacía. Caminamos, muchas flores, mucho amor, mucho caramelo. Nos vamos platicando del hombre ofendido porque no lo dejaron sentar en el Museo y los dos guardias que cuidaban la caja blanca.
Obra en el mundo, del mundo, viajera, vagabunda… Había escrito eso en este mismo documento, quién sabe por qué, lo voy a dejar. Y si quieres saber más de la expo de Gabriel Orozco, date el cuadernillo aquí.
DRN.. la diferencia














