No intervino la calma, ni la paz ni el entendimiento, fue una rola de guitarras bien azotadas y temperamento particular. Silencios. Dejamos el instante en pausa y salimos de ese lugar, sin despedirnos. Nos dimos aire. Oscuras las calles de la Roma, entendimos que la música habría de resguardarnos de nuevo, música en vivo. Sonaba recia una batería y una mujer cantaba algo al micrófono. Nos quedamos. Con la calma.
MARZO DE ROCKS

