MUSEO EN UN JUEVES ACALORADO

El arrullo de voces y el viento calmo y caluroso de marzo me dominaron el cerebro. A ritmo de rocanrolitos, asfalto ardiendo, tensión en las calles, muchas personas y un sentimiento de hartazgo, se llegó entre danzas al Museo. Los ecos de, quizá voces, aumentaron apenas llegamos al lugar, a la derecha el mural domina la pupila. La gran fuente y el eco del agua me atrapó. Agua. Tal vez. Solo agua. El rugido de un jaguar, el cascabeleo de una víbora. Rocas. Rocas. El eco de las voces y los quejidos y los lamentos. Los siglos en las vitrinas. Intenciones tenebrosas. Rígido el cuerpo. Piedra. Roca. Roca grande.


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