FILOSOFÍAS ESQUINERAS | FILOSOFÍA DEL MEME

“Cada cultura tiene su propia forma de conectar su alma a través de la risa”. Santiago Manuel Fernández.

Una de las características filosóficas del circo tiende a ser la inclusión, no sólo porque dentro de todas las culturas conecta a las almas, sino porque también es una especie de ritual. – Comenta mi querido amigo Santiago Manuel, famoso cirquero y maestro de Clown, al platicar sobre la relación que implícitamente se halla entre la risa y el circo, el circo como potenciador de la risa, cosquilleo para el alma o recordatorio de que pase lo que pase, aun así, hay otras formas de ver las cosas. Pero en el actual, cambiante y convulso mundo de los avances tecnólogos las formas de reír también han mutado hacía otras nuevas (y no sé si mejores) formas. Pero ¿qué es la risa? ¿qué será aquello que la propicia? ¿tendrá algo de filosófico?

Muy a menudo se suele escuchar en charlas convencionales, pláticas familiares, conversaciones informales y a veces hasta académicas la famosa frase “como dice el meme”, algo bastante curioso, ya que al momento de hacer dicha cita de ninguna manera formal, uno ya espera que detrás de ello vendrá algo gracioso, aunque en ciertas ocasiones también contenga algo de sarcasmo o en otras pocas algo de trágico, pero trágico al estilo de los griegos; es decir, aquella que combina dichos sucesos (no siempre reales), que logran producir en el otro un cúmulo de emociones. Tal parece que hoy en día son mayoritariamente citados los memes, que otro tipo de fuentes, ya no digamos, confiables.

No son muchos los años que lleva circulando en nuestro mundo el término “meme”, dicen que fue por ahí de 1976 que el biólogo Richard Dawkins acuñó éste para hacer alusión a las ideas que se propagan culturalmente, de manera similar a como lo hacen los genes. También dicen que la hoy tan famosa palabrita resulta una derivación etimológica de la palabra griega (pa variar) μίμημα (mimema), de la que, a su vez, se desprende la palabra; μίμησις (mimesis), que probablemente la ubicamos más, y que no quiere decir otra cosa más que aquello que tiende a ser imitado.

Solemos entender el meme como sinónimo de aquello que por ser imitación no suele ser del todo verdad, pero que por dicha relación implica, una ínfima parte de ello, agregándole un toque de sarcasmo y comicidad.

Es quizá aquí donde desenlaza la propagación de lo que se quiere comunicar, sabiendo de aquello que producirá en el otro una emoción, en la mayoría de los casos la risa que nos hace sentir identificados con aquella imitación de la realidad. Siguiendo esta idea, parece que la risa, al igual que el meme exigen un desprendimiento de lo común y de ahí que resulten complementarios; para el filósofo Henry Bergson aquél francés especializado en el mundo metafísico y epistemológico, la risa responde a determinadas exigencias de la vida en común. La risa debe tener una significación social. Ya que no es gratuito que muchos hayan definido al ser humano no sólo como “animal que ríe”, sino más allá como “animal que hace reír”.

Para nuestro querido filósofo lo cómico o aquello que nos hace reír trae consigo una fuerza expansiva que en muchas ocasiones tiende a ser inconsciente, es decir que solemos hacer sin darnos cuenta, como el hecho de tropezarnos, aun cuándo, a veces, no queramos nos brota la risa inocente de reconocer el error propio, o como cuándo nos identificamos en un meme e inmediatamente pensamos “si soy”, una forma de cierta manera burlona de concientizar acciones que realizamos. La burla aquí parece jugar un papel interesante, ya que, contrario de lo que se cree, no es burla hacía otro o los otros, sino más bien burla hacía uno mismo, de esta manera nuestro querido Henry da muestra del trabajo epistémico que se lleva a cabo al reconocerse como parte de una acción propiamente humana. Por eso consideraba complejo que los animales tuvieran esta capacidad de reír, y aún más allá de reírse de sí mismos.

Reconocer nuestro lugar en el mundo nos lleva a reconocer no sólo parte de él, sino parte del reconocimiento de sí mismo. Podría ser, además de un ejercicio de identificación, uno de autentificación, como bien dice mi querido Santiago; nos va incluyendo y conectando con las demás almas. Volviéndose una especie de ritual al que sabremos responder con otra sonrisa, en un ejercicio no sólo filosófico sino también antropológico como lo estípula nuestro buen filósofo francés; a medida que el que ríe va razonando más sobre su risa. O, en otras palabras, como dirían los cuates de El gran silencio, Sonríe todo el tiempo y sentirás que respiras mejor.

A Demián, nunca dejes de ser feliz.

Luis Melchor (El Tres)

febrero del 2025

#LaNaveVa

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