LA SUERTE DEL LUNES, EL ANIVERSARIO DE PONCEBARRIDA LA QUISIERA

Foto: Ponce consintiéndose frente a deseperados. Crédito: La México Monumental

Lo dicho, no hay verano que valga una sola golondrina. Lo esforzado de un Roca Rey de lunes acabó en noche triste de matadores, administradores y ganaderos el martes y miércoles de aniversario 79 de un monolito que debe estar avergonzado de seguir en pie.

A los mojados del domingo, el martes se les dio una desveladota con un sexto astado de tres avisos para Fonseca que además se llevó una mala caída, un baño de arena para San Román y quién sabe qué para Hermosito de Mendoza con la ganadería, maltrecha de tantos ires y venires por los chiqueros de La México, de La Estancia, pero con un felino, capa castaña en greña polvorosa, que saltó hasta la mitad del pandero para refunfuñar por las horas.

Para los villamelones de cada año, la excesiva despedida el valenciano Enrique Ponce, perla, plata y azabache que llegaba tarde a su último paseíllo más pactado con la ganadería de Los Encinos y con los apoderados de los otros espadas, más autopromovida, más gritada que el Aguilar del mariachi láser epilogal, más desangeladas “Las golondrinas” a dos exigencias, y ni así Ponce logra sino el favor más autoindulgente de un público decepcionado, desencontrados con un regalo más ensayado que todas las aeróbicas y pobres ponciñas que le alcanzó a hacer al sesgo a su Indiano, zaino meano de 505 kilos, cariavacado que nunca humilló y que no fue peor que todos sus hermanos juntos, sino el más destacado en malhechuras y anovillamiento.

Como confirmaba el Adamito Alejandro, también recogió de paso una oreja sin buenos ademanes pero con un respetable ansioso con el de su confirmación, Farruco, lomitendido bragado de la casi media tonelada.

Y como le entró al garlito por igual, Diego Silveti cortó su par de apéndices también abonadas, medio vibrando, medio desplantándose en el vacío con Lironcito, cårdeno bragado, pequeñito listón rabón de 450 kilos y algo más.

Todos enorejados de Encinos con nombres de triunfos ponciños, ojitos de perdiz cornipasados, más parados y descastados, ovejeros y felices se fueron a caballo del también fin de la coleta de Fernando García, subalterno de verdad, él sí, en el toreo de plata, con una senda que amuebla intensos modos regada igual en hijo que en sobrino.

Ni modo. Ponce, veloz y fatigado, se va. Sea esa estampa del falso toreo inútil un capítulo que se quiere cerrar a los más de cincuenta retirados años con fiestón acalambrado de una tauromaquia sin cabida. Sea.

5 febrero

Por Praxedis Razo

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