Tierra de hongos, secretos en cada puerta, las nubes a todo momento enamorando tierras, los perros, de día, un cariño de la vida, por la noche escabrosa jauría. Aires dosificando calmas, embadurnando magueyes de pura buena onda, de nostalgia y palabras lentas. Tlacoyos y mezcolanza de betabel en un vaso; chicharrón, aguacate, tortillas y queso. Pulque de pulques esperando a los bichos luminosos, la vida en un milagro. Un caballo manso pensando, soñando en sus miles de vidas pasadas. Nanacamilpa respira y sus historias configuran la poesía en cada nubarrón suculento.














