MOMENTO INICIÁTICO DE UN VAGO

Me miro reflejado en el vidrio del metro, llevo una vida haciéndolo, mirándome y desconociéndome, pero también asegurándome que estoy ahí, inmóvil frente al reflejo y la Ciudad detrás, o delante, avanzando rápido, ¿me muevo o se mueve el tren?, yo de píe, la mente en la calma de un enero en frío, en letargo helado, un invierno contaminado, una situación interminable y el mundo dando su lenta vuelta. Me miro, mis gestos son tan distintos, son tan predecibles. Se abren las puertas, un vagonero escucha en su celular las nuevas del conejo malo. Señoras y señores, aún hoy, ya de noche, llevan juguetes en bolsas negras de polipapel, aún ahora es buen momento para intentar dar una alegría aunque sea a uno mismo con la sonrisa ajena, con la infante risa, con la magia realizada. En mi testa infesta de latires urbanos no deja de sonar la rola de Texeiro que canta el Mastuerzo, las heridas me dolieron, casi casi tanto como tú… el descanso me costó el combate ante al patrón, contra el líder sindical, su aparato de control, me detengo varios minutos en el andén del metro, me aburro un poco del curso de los autos, de las nostálgicas luces navideñas, de la vida en el consumo, en la pretendida melancolía monetaria, respiro el hastío del dinero, del amor a la maldita mercancía. Las personas abordan y salen de los vagones, el reloj digital dá las 26:49hrs, este tiempo mentiroso, esta desleal capacidad de hacerme sentir cómodo. Los trenes llegan a la estación y se van llevándose suspiros y dramas ajenos. La doña de la limpieza me barre los píes para salir de mi espanto citadino. No me creo la vida, no me creo esta mentira, no me la creo y respiro el aire milenario, no pretendo dar un paso más en este absurdo mundo, me siento en la incómoda banca negra, espero a que llegue la noche y un policía, malhumorado, me saque de la estación. Afuera, en la calle, aguardaré aplastado en la banqueta hasta saberme despierto. 


DRN… aínomás puros cuentos…

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