– ¿Qué, no te gustó?
– Sí…
– ¿Qué te hace falta o qué?….
– … naaa… un pitufo…
– Ahh… éste borracho….
– …
Se aventaron par de pitufines más y salieron hasta el rabo del lugar. Decidieron caminar sin rumbo, salieron hacia Reforma, a la altura del Cuauh, se toparon con el plantón cuatro veinte que hacía retumbar las conciencias sanas con un dub muy indecente y un aromita de kush bastante espeso. Era martes… caramba, esta gente que no entiende de horarios, de vidas, de oficios, vagales, cara sucia, infelices. Era martes, se dieron las tres en el plantón, palabrearon durante una hora de mierda y media mientras los autos pasaban aceleraditos, en los turibuses las personas les observan con ganas de aventarles alimentos. En la Ciudad hacía frío de calentamiento global, acá, mala onda, lastimero, vengativo.
Se levantaron con las nalgas todas polvorientas, caminaron, alucinándose con las esculturas, los edificios, las nubes y el paisajes que Novo, Monsiváis, Garro y Fuentes ya quisieran. La región más mugrienta del aire, y a esa hora la más rojiza, llegaron a la plaza de la Revolución, ahí, bajo el monumento, intento de, pedazo de otra cosa, pero pedozote, de roca tallada, se acercaron a las jardineras y encontraron a un grupo de muchachas y muchachos escuchando con mucha atención la batalla de rap. Este par de amigos, todos pedos, comenzaron un desmadre, se sintieron los muy Kendrick y que me los bajan a puros sapes y cocolasos, por manchados, por andar arrebatando el máicrofon y querer hacerse los Daniflou y les salió puro dinero dinero, patitas pa qué te quiero, se pelaron el par de pitufones por unas calles medio escandalosas de la Tabacalera, se perdieron un rato entre sombras, risas y vomito y miado. Al sentirse un poco más tranquilos pero igual de pateados por los azulitos, reiterando su actitud absurda, entraron a un edificio blanco, apenas habitado, luces amarillentas, silencioso, olor a humedad, pasaron y subieron las escaleras que estaban hasta el final del patio de baldosas blancas y negras, escalón tras escalón era una escandalera, risotadas, tropezones, recitales de canciones y poesía mexicana, a veces algo europeo, puras mamadas.
Y hoy que enloquecido vuelvo, buscando tu querer, no queda más que viento, empezaron a cantar, a gritar, los cabrones, mientras llegaban al último piso, encontraron una puerta abierta, pasaron y exploraron el enorme loft, algo #lindo lindo, la Ciudad apenas se iba iluminando, unos ventanales gigantescos, gigantesca lo arrogancia de esos edificios, de ese espacio, esas construcciones, de esa Ciudad apabullante… Y si acaso no brillara el sol y quedara yo atrapado aquí, no vería la razón… le gritaban al cuarto, a las paredes, a la oscuridad. Se cansaron, se sentaron en el suelo y prendieron lo que les quedaban del porro. Platicaron y antes de culminar con una historia efervescente, llegó un guardia con su amenazante linterna. Les pegó de gritos y pidió apoyo a la tiranía, más pronto que tarde, el par de gruexos se pelaron, todos #anestesiados, todos #azuliados, bajaron en chinga las escaleras, algo fríos, corazón latiendo mamón. En la calle intentaron mantener la calma, el guardia seguía gritando atrás de ellos, los autos, las personas, el ruido del martes, te digo, era martes, chale, pero bueno, el cotidiano les disfrazó y se perdieron. Decidieron caminar, otro largo rato en busca de la noche que hubo de extirparles el alma entre aromas decembrimos y canciones de yingon bels.
DRN… 🫣

