EL MODERNO SALTIMBANQUI

Si tuviera que presentar el circo más grande, sería el de la vida, y, si tuviera que presentar a los payasos menos graciosos, esos seríamos tú y yo.

Pero pasa, por favor, bienvenido al circo donde la fortuna falta, pero tu corazón se sentirá pleno y estarás con los pies bien firmes… en la luna. Ven y verás la locura sin retorno del hombre, porque cada sonrisa de un payaso esconde un gran dolor. 

Aquí, en este circo que parece no tener maestro de ceremonias, donde todos usamos máscaras de Arlequín, vivimos en un eterno limbo de sentimientos y cuestionamientos.  

Donde pensé haber visto de todo, el misterio más grande estaba por revelarse, el letrero tenía letras grandes y luminosas: 

¡Véalo bajo su propio riesgo! Pasen a ver al hombre con dos caras.  

Había gente en la entrada, juzgando. Entré sola, no tuve miedo, tuve la curiosidad de un infante, vi una sombra, me acerqué despacio. 

Yo no lo culpo del todo, entiendo que no hay felicidad más grande que cuando uno no es uno mismo ¿Qué fue lo que vi? Las ruinas de un ser, las ruinas de una sensibilidad olvidada detrás de un disfraz literario. 

Poseída por los altos vuelos del espíritu especulativo le pregunté su nombre, una de sus caras me contestó Pierrot, y la otra ni me miró. 

¿Tú ya conocías al hombre de dos caras? o será que te tocó, ¿la mujer de dos caras? 

En un mundo entre circenses como este, las sorpresas son un flechazo al corazón, los que creemos en el tarot ya no podemos ver y, después de un encuentro como este, ya uno no puede ser el mismo. Todos poco a poco nos convertimos en el hombre o mujer de dos caras, ¿o no te habías dado cuenta que hablo de ti? De ti y de mí que vamos por la vida malabareándola, pero presos de nuestra hermana, la otra cara.

Y no te preocupes porque el pozo del desasosiego no tiene fondo y el letrero grande, luminoso en realidad es: 

Bienvenido a la casa de los espejos.


Por: Maryfer Rached

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