La pinche cumbia reventaba duro esos bajos, duro, duro. Los pensamientos, los recuerdos, las memorias se me confundían en la cabeza. Esa Ciudad y sus demasiadas situaciones, sus imecas y las agudas ondas de sonidos repetidos y molestos. Atorado y atarantado, miro al cielo y encuentro el mismo motivo para desvanecerme en el terca alegría de sentir el viento helado de noviembre. Respiro y me largo a paso de un temazo de rock que suena desesperado en la bocina de la lonchería.










