Ya mero anochecía y las nubes tiraban llanto. Un vago andaba de talón y lo corrieron a patadas del sitio. Se fue, ensangrentado y aún pedo, caminó en el asfalto de la oscura Avenida. Se detuvo hasta que una voz de aliento fétido le dijo palabras que no comprendió. Caminó, sin saber lo que vendría.
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