Tanto tiempo pensando en el tiempo, que por pensar en el tiempo
se me está acabando el tiempo.
El Gran Silencio
Entre los tumultos de ciudadanos que se amontonan para subir al metro, mientras éste llega más tarde de lo acostumbrado por las lluvias septembrinas, entre chiflidos y disgustos, se escucha decir a un señor, Otra vez no voy a llegar a tiempo al trabajo, pa variar no voy a caber en éste y me tendré que esperar al otro, efectivamente, al abrir las puertas, entre empujones y codazos el pobre amigo queda aún más lejos de lo que anteriormente estaba, órale wey, ¿por qué me avientas? , ¿qué no ves que tengo que llegar temprano? , se le escucha decir mientras poco a poco, no le queda de otra más que la resignación, todos queremos llegar temprano, le responde su rival de ascenso. Pues sí, parece un tanto difícil llegar a imaginar que haya quienes piensen que les gusta llegar tarde al trabajo para que, en el mejor de los casos, solamente les regañen. Tan valiosa se ha vuelto la puntualidad que aún hay trabajos en donde se ha convertido en un verdadero mérito, digna de ser reconocida con el famoso “bono de puntualidad”.
Qué difícil es la conciencia de tiempo, entender el tiempo, vivir el tiempo, puede ser tan grande como un suspiro o tan corta como una eternidad, es, ha sido y será habitado por millones de vidas, conscientes e inconscientes, animadas o inanimadas, muchas otras desanimadas. ¿Cuántas vidas se mortifican pensando en ello? Al menos la mía ya es una, la mayoría de las personas nos la pasamos pensando que somos poseedoras de él y constantemente terminamos haciendo afirmaciones como; “tengo tiempo”, “no tengo tiempo”, “se me pasó el tiempo”, sin dar cuenta o sin estar del todo conscientes que es totalmente lo contrario. Al tiempo no se le puede tener, es él, el que nos tiene a nosotros, a estos y aquellos, queramos o no, nos tiene sujetos a una efímera y limitada existencia, por demás angustiante.
Sujetos del tiempo sin tiempo, objetos en el tiempo, objetos y sujetos – sujetados al concepto que hemos construido para aprisionarnos, esclavizando el actuar a determinados momentos que quién sabe si llegarán, encarcelados por nuestra creación, la angustia de andar siempre a prisa o la otra angustia, la que se genera cuando ya no hay esa prisa y al momento de descansar ya parece que necesitamos nuevamente andar apurados, descansar mucho también hace que la prisa se extrañe y se vuelva casi necesaria. El apresurado ritmo con que se vive muy pocas veces deja algún tiempo para pensar en tanto, ¿pensar tanto o tan poco? ¿Qué tan extenso? ¿Qué tanto es necesario pensar en la temporalidad? ¿Qué extensión de nuestro pensamiento merece la pena que vivamos angustiados o no?
Extensión, limitación, quizá sea ese nuestro afán de conceptualizarlo todo, sin el concepto de temporalidad ¿podríamos seguir angustiándonos? sin saber si es temprano o tarde, o lo que es rápido o lento, puntual e impuntual. Como cada que el metro se va deteniendo, la lluvia hace que los camiones no lleguen, o las inundaciones vuelvan el tráfico aún más lento. El sentimiento de impotencia y ansiedad por querer llegar “a tiempo”, suele ser tan grave que taladra tanto en nuestra mente como en nuestras emociones llegando a generar un extraño sentimiento de culpa, pero ¿culpa por qué? ¿Por qué ese sentir sobre algo que en realidad se escapa de las posibilidades que verdaderamente radican en nosotros? ¿Será que no sólo nos hemos convertido en esclavos de nuestros propios conceptos, sino también de nuestra propia explotación? Como dice aquél profesor de Berlín, el filósofo Surcoreano Byung Chul Han; anteriormente era más fácil identificar de dónde venía la explotación, porque nos era “ajena”, lo grave, y advertía muchos años antes de la pandemia, es que desde hace tiempo, la explotación dejó de ser ajena y pasó a hacerse “propia”, “Sociedad del rendimiento” la llama él, la que de alguna manera ya no hay un ajeno que exija llegar temprano, ni cumplir con un horario, pues la exigencia se hace propia de tal manera que incluso se cumpla con el horario laboral, no se deje de trabajar ni estando en casa mientras creemos que nos estamos realizando, en verdad nos estamos exigiendo más de lo debido.
Puede que no haya un buen consejo práctico para superar las culpas de las exigencias que nosotros mismos nos ponemos, sin embargo, el poder cuestionarlo, de entrada, ya comenzará como una gran ventaja, analizar lo que está en nuestras posibilidades reconociendo las que no, al final no sólo es cuestión de pensar el tiempo, sino de saber aprovecharlo, y sobre todo vivirlo. El chiste no es vivir mucho tiempo, sino, como decía mi querido maestro; “vivirlo intenso”.
…A Max.
Luis Melchor (#El Tres)
Septiembre del 2024
#LaNaveVa
******************************************************************
Éstas son las mañanitas que cantaba el rey deivid… Abrazote mi Tres! Gracias por las esquineras, por el ánimo y la dedicación. Saludos, muchos años más en el pensar desde la esquina.
E.N.
