DE ACAPULCO EN EL AUTO

Ni tanto calor. Ni mucho espanto. La vida pasando en su cotidiana manera de resolverse. Los autos, las motos, las bicicletas, las personas en chanclas. La situación se percibe húmeda, se siente aún el daño. Se cuenta, se repite, se trae en la mente por las noches. El mar allá en sus lejanas murmuraciones, la luna muy total recita alguna de Agustín Lara. En el auto, acá en el atestiguar afortunado, suena duro la de Rockula de Los Straitjackets. Le suben el volumen y nos vamos detrás de un trueno que avisa una ligera lluvia. Eso dicen. En las azoteas unas vez más se moja toda la ropa.

DRN… alloviznado


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