– Aférrate papi, aférrate…
– Pues sí, nomás que…
– Nomás qué… qué… aférrese, póngale galleta y ya nomás así…
– Fuera tan fácil… pero no…
– Ora, éste, pareces disco rayado… aférrate papito, éntrale dale… es más, espérate…
El señorsito de camisa amarilla, sudadera gris, pantalones muy mugrosos, lo mismo que el rostro y las manos, se levantó de la banqueta, caminó acelerado hacia el metro, Tlalpan en sus aires más mequetrefes, el señorsito llegó a la estación, subió las escaleras, masticó algunas palabras chuecas y luego gritó la estrofa de una dolorosa canción, en los torniquetes no había polí y con una maniobra olímpica se coló a los andenes, bajó las escaleras con limitada pericia, miró a las personas que esperaban en el andén, peculiar y seguro de sí mascó en su chimuela dentadura una corta charla: ¿Conoce a Javier Solis? ¿Lo conoce?¿ No es cierto, cuál se sabe?¿A ver cuál? Mire, si me permite, sólo… sólo si me permite, no es que quiera molestarlo, nada, pero si me permite, mire, yo me sé estás… Adiós, adiós, adiós, Borinquen querida, tierra de mi amor, adiós, adiós, adiós, mi diosa del amor, mi reina del palmar… no no, esa no, o sí, sí, no, mire, también ésta, pero escuche… Quisiera abrir lentamente mis venas, mi sangre toda verterla a tus pies, para poderte demostrar que más no puedo amor y entonces morir después…. no, ¿tampoco?… El metro llegó, no supe si aplaudir, sonreír o agradecer, pero el daño estaba hecho y del sacón de onda era esclavo, le dije que pues ya me iba… bueno, bueno, no tendrá una moneda para apoyarme. Algo. Pues con la prisa y la cosa, le dije que no, que diosito se lo pagara y me subí al metrónomo. Se cerraron las puertas, el metro avanzó y el vagales se quedó cantando las dolorosas a una pareja confundida por la serenata citadina.
DRN… payaso… soy un simple payaso…
UN HOMBRE CANTA CANCIONES DE JAVIER SOLIS
