EN UN PUESTO DE TACOS DE GUISADO

Encima de la barra del puesto de tacos de guisado está un latón de cerveza oscura, a un lado un limón partido, una salsa Valentina y el salero. En el borde de la banqueta de Tlalpan, la mujer habla por celular, está molesta y harta, intenta decir algunas palabras pero del otro lado de la línea le están reclamando un buen de chingaderas. Los autos pasan y pasan, de pronto se detiene un camión de pasajeros, también un taxi, algunas personas caminan desanimadas hacia el metro. La mujer termina la llamada. La noche le llega a toda velocidad. Se acerca al puesto de tacos de guisado, exprime limón en el borde de la lata de cerveza, luego le echa algo de salsa Valentina, después un poco de sal. Da un sorbo grande con ganas de quitarse el maldito malestar de estar soportando a ese canijo. Da otro sorbo atascado y termina la cerveza. En el puesto de tacos, Brian está cocinando la lengua en salsa verde y el chicharrón prensado a ritmo de Noche de Arreboles. La mujer se espesa en su maleza mental y decide irse, se despide del cocinero, levanta la bolsa de chocolates que hoy se vendieron poco, tira la lata al bote de basura. Se va antes de que algo pase. Enciende el cigarro que le compró el flaco y trata de no tropezar con ningún caminante. Tlalpan en su susurro inagotable.

DRN… a las de acá…

Deja un comentario