– ¡Levanta tu osamenta!
– ¡Quíubole pinche arrastrado del cacho!
– ¡Ah poco los cerdos manejan!
– Trais ciento cincuenta en la marimba, acá –señalando una bolsa de plástico dentro de un orificio en el centro del volante– está tu gas, … no te hagas pendejo… da bien las vueltas con esa gas, no mames
– ¿Qué?
– Qué, tanates, no te hagas pendejito
– Ora…
– Y acuérdate que el Patas Muertas viene por fuera
– Ta bueno…
– Ora pues, jálate
– Súbale, súbale, lleva lugar, súbale, no es baño pero huele igual, rosas, lavanda, súbale.
El vaho del bote de los tamales atraía a las y los paseantes matutinos. La lluvia de la noche anterior había inundado varias colonias del poniente. El camión de la basura se detenía en la esquina. El vigilante del condominio gris platicaba consigo mismo mientras cerraba la puerta del garage. Esa mañana, no llovería.
DRN… ondeado

