Lo vi. No supe si debía detenerme, saludar, no sabía y de pronto nos miramos, rápido, dijo mi nombre y detuve el paso para regresar y saludarlo. El metro cerró las puertas y avanzó frente a nosotros, que cruzamos unas palabras, una charla sencilla, ni siquiera intercambiamos números, porque dijimos que nos íbamos a encontrar por ahí en un lugar, como siempre. Nos despedimos, seguí mi camino, subí las escaleras, caminé hasta la línea dorada, con los recuerdos, las memorias despertadas por nuestro encuentro. Bajé las escaleras hasta hundirme en un montón de ayeres en la mente. Llegó el metro, ocupé un asiento, intenté no dormirme. No lo hice. O sí. No lo sé. El pitido de las puertas del vagón me despierta. Me levantó y salgo apresurado, antes de que se me cierre la puerta en la nariz.
DRN… viajando…

